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El valor de los puntos (en el clásico)

17 de octubre de 2010 a las 08:58 a. m.
El valor de los puntos (en el clásico)

Habría que poner en las canchas, sobre todo en los clásicos, un medidor de valoraciones que podríamos llamar: "valorímetro". Sensores que determinen no ya las pulsaciones sino el valor de la unidad. Porque en matemática uno siempre será uno y tres invariablemente será tres, pero en el fútbol no siempre los puntos que se suman tienen aquella precisión aritmética.Belgrano e Instituto jugaban un partido de la 11ª fecha de un campeonato de 38. Es decir, un partido importante por el rival, pero lejos de ser clave o trascendente.

El que ganaba llevaba agua a su molino pero no levantaba la copa, no ascendía, no se iba de “promo”... no nada. Y el que perdía, no descendía, no bajaba a los infiernos, no jugaba reválida... no nada. Eso sí, no valía perder.

El “valorímetro” hubiera arrojado resultados distintos en algunos casos y ambiguos en otros. Veamos. Los hinchas de Belgrano terminan festejando un empate porque perdían 2-0 y pintaba para comerse una goleadita de aquellas. Porque comenzaba a desdibujarse la buena imagen que comenzó a edificar “el Chiche” Sosa con su llegada (miniracha a favor con un triunfo y dos empates).

Porque el jueves a la tarde presentó pilcha nueva y ese mismo día, algunas horas después del desfile, el gerenciador Armando Pérez le pidió a Sosa que siguiera en el cargo y "el Chiche", que tiene grupo de sangre factor C+ (celeste positivo), se conmovió y dio un sí gigante. La lista de motivos por el festejo sigue, como por ejemplo, con aquellas cosas más pasionales que tienen que ver con esta serie sin derrotas del Pirata ante la Gloria que ya lleva seis años y medio.Belgrano necesitaba ganar, era lo ideal. Una victoria le hubiera significado el pasaporte a objetivos mucho más ambiciosos que este presente en el fondo de la tabla. El pasaporte a proyectos más placenteros. Hubiera significado definitivamente el ingreso a una autopista que tiene como meta final uno de los dos ascensos a Primera División y una ampliación de la ruta que termina con el premio consuelo de una promoción a la máxima categoría.

En la otra vereda anímica, los hinchas de Instituto se quedaron lamentando el punto que, a decir verdad, no le viene nada mal desde lo númerico porque su equipo sumó de visitante, jugando un buen fútbol colectivo por momentos y con nueve jugadores. Claro que, la Gloria mereció ganar el partido. Tuvo todo para hacerlo. De haberlo logrado, se hubiera puesto definitivamente el traje de candidato. Venía de ganarle a San Martín de San Juan y se llevaba tres puntos de Alberdi... ¡mamita! qué candidato al ascenso nacía en Córdoba. También le hubiera servido a sus dirigentes para borrar por un momento los últimos días cargados de preocupación por juicios millonarios que afronta el club y que si no son bien manejados los podría llevar al mismo sitio institucional-administrativo en el que hoy están Belgrano y Talleres: el gerenciamiento.Pero no fue. No pudo ser para la gente de Instituto que cuando se dio cuenta estaba siendo atropellado por un Belgrano que podrá jugar bien a veces y mal otras, pero que parece estar decidido a no perder aquella genética que lo obliga siempre a ir al frente. Eso también festejaron sus hinchas.