El presente de Godoy Cruz de Mendoza, el pasado de Talleres
Hace 30 años, la gente del "Tomba" hacía fuerza por el equipo cordobés, ya en Primera. ¿Qué pasó hasta hoy? Enrique Vivanco lo analiza.
Se acercaba el final del siglo pasado y Amadeo Nuccetelli recordaba el poder de Talleres en su poca más gloriosa. En aquel entonces, Nuccetelli hacía un buen tiempo que había dejado el club, vivía en el barrio Chateau Carreras y lamentaba aquella fiesta trunca.
El dirigente se refería, obviamente, a aquel 25 de enero de 1978 en el que Independiente festejó en barrio Jardín. A propósito, quién no se preguntó algunas vez cuál hubiera sido el futuro de Talleres si consumaba la vuelta olímpica.
En su momento de apogeo, Talleres encabezó deportiva y hasta espiritualmente un intento de equiparación del fútbol del interior con el de Buenos Aires y Rosario. Todos los clubes lo tenían como referencia; en aquella final, desde la mitad del mapa argentino y hacia el norte, nadie dejó de hacer un poco de fuerza por la felicidad albiazul. Lamentablemente, no pudo ser.
Sin proclamarlo, Nuccetelli tiraba algunos datos que ayudaban a entender que el poder de Talleres y el suyo, como dirigente, iban de la mano.
Los goles de Bravo y la calidad del Hacha, y la prestancia de Galván y Oviedo lo ayudaban a tener cada vez más peso en la AFA. "El Pelado" contó que una vez encabezó un intento de sublevación de los clubes de tierra adentro. Desafió a la jerarquía de la AFA al promover un campeonato paralelo en el que participaran los equipos más representativos del centro, oeste y norte del país.
Pero el alcance de sus gestiones no sólo tenía destino de cabotaje, sino que su ambición le permitía soñar con un torneo en el que los principales clubes chilenos también estuvieran presentes. Nuccetelli dijo que esa ilusión después quedó en la nada.
Hasta ese entonces, el oeste argentino, a nivel fútbol, se había conocido por alguna buena campaña de Gimnasia y Esgrima y San Martín de Mendoza o por alguna incursión de Desamparados de San Juan en los torneos nacionales.
Durante esos años, los '70 y los '80, Talleres y el resto de los equipos cordobeses eran invitados frecuentemente a Cuyo a jugar amistosos. Córdoba todavía estaba un escalón más arriba.El juego se abrióPero en la última década del siglo anterior, el juego se abrió y el Estadio Malvinas Argentinas dejó de ser escenario exclusivo de competencias de verano. No llegaron Boca Juniors, River Plate y otros de los equipos grandes sólo para matizar sus pretemporadas con algunos clásicos. Godoy Cruz Antonio Tomba llegó primero. San Martín de San Juan, después.
Descenso de ambos y nueva oportunidad para el club que comparte el nombre de un prócer mendocino con el de un esforzado y visionario inmigrante italiano, y esta realidad que invita al asombro. Fue 17° en el Torneo Apertura. Mala campaña, peligro de descenso y nuevo técnico. Omar Asad seguro que miente si lo hubiera pensado en enero. Se cayeron casi todos los soldados que siempre animan la película. Nocaut desde el principio para Boca, River, San Lorenzo y Racing. Demasiado esfuerzo atender dos frentes para Vélez Sársfield y Banfield. Estudiantes quiere ser la excepción, Independiente intenta ser el representante de los grandes caídos en desgracia y Argentinos Juniors, la otra sorpresa.
Hace 30 años, en Mendoza hinchaban por Talleres. No estaría mal promover desde aquí el gratuito y saludable ejercicio de la simpatía por El Tomba, El Bodeguero o El Expreso, como usted prefiera. Sería una manera de devolver aquel apoyo recibido y de reconocer que por estos días, las montañas de la Cordillera se vislumbran más altas y las sierras, con un poco menos de altura.
