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El devastador "efecto Nalbandian"

08 de marzo de 2010 a las 03:44 p. m.
El devastador "efecto Nalbandian"

No es la primera vez que "el Rey" David se viste de guerrero y logra esas victorias que quedan grabadas en la leyenda del tenis argentino. Pero claro, no son producto de la imaginación y cuentos populares, sino de logros repetidos que lo anteceden cada vez que pisa un estadio.

Ante Suecia, en un escenario pensado y preparado para los locales; donde nunca Argentina había salido bien parada (dos series previas e idéntico marcador: 1-4); con público en contra y el 7 del mundo (Robin Soderling) como el as de espadas rival; la sola presencia del cordobés hizo temblar las estructuras del estadio Kungliga Tennishallen.

Con un desgarro en los aductores recién curado, contó los minutos y se subió a una serie arriesgando su integridad física y la proyección de este año en el circuito ATP. Iba sólo para el dobles y terminó definiendo la serie en el quinto punto, para vestirse una vez de héroe y artífice de la victoria.

Nadie hubiese cuestionado nada si no iba. Pero para él, con su espíritu copero encendido como nunca, estar en Estocolmo jugando por la Davis era disfrutar del tenis que siente. "Que la gente se quede tranquila, que voy a dar todo por mi bandera", dijo al final. Como si hiciera falta aclararlo.

Sólo los diferentes generan la ola de respeto que él generó en Estocolmo. Llegó dos días antes de salir a la cancha, casi sin entrenamiento, infló el pecho de un inexperto equipo nacional y le causó un gran dolor de cabeza a Soderling y compañía.

Con su jerarquía, carisma y entrega, el "efecto Nalbandian" causó otro síndrome en Estocolmo: el público sueco terminó aplaudiendo de pie a quien les arrebató la victoria.