Dos amigos unidos por el taco y la mesa
En el bar de Instituto, Cacho Buenaventura y Gustavo Torregiani, tricampeón Mundial de billar, se juntaron a disfrutar y a jugar.
No hace mucho que entablaron amistad, pero al escucharlos parece que se conocieran de toda una vida. Uno es el popular humorista de Cruz del Eje Cacho Buenaventura y el otro, desconocido para la mayoría, es Gustavo Torregiani, nacido en el otro extremo de la provincia, Leones, flamante tricampeón Mundial de billar en la especialidad cinco quillas y desde hace dos décadas residente en Italia. Ayer, Mundo D los juntó y fue testigo de los lazos que los unen: la pasión por el billar, el fútbol e Instituto.
Además, y como muestra de esa amistad, Torregiani le obsequió un taco de la exclusiva marca "Longoni" autografiado por él y que según se supo cuesta unos 1.500 euros. Cacho, en retribución y para no quedarse atrás, le prometió un par de cabritos en Cruz del Eje, un carné de socio de Instituto y alguna entrada para los shows que dará este verano en los festivales.
El "blanqueo" se dio el pasado domingo en el club Sarmiento de Villa María donde se realizó el Campeonato Mundial de billar, en la modalidad cinco quillas, a donde Cacho viajó especialmente para ver las semifinales y la final y terminó siendo uno de los principales "Tifosi" del argentino.
"Fui con un amigo y apenas me vieron llegar me preguntaban '¿Tenés show, dónde estás actuando?' cuenta entre risas la escapada que hizo Cacho. "Fue muy acertado el día de la final porque coincidió con el Día de la Madre. Ese domingo 'la Cansadora' me dijo: no sé qué van a hacer ustedes, pero yo les aviso que me voy a ver a mi mamá. Le dije 'te felicito, yo me voy a Villa María...¡' Cómo se me alinearon los astros!" (vuelve a sonreír).
“Me gusta el billar, pero mi nivel no me alcanzaba ni para cuidar los autos en el estacionamiento donde se jugaba el torneo”, bromea Cacho.
A diferencia de Torregiani, que arrancó en su Leones natal aprendiendo los secretos del juego viendo al papá y su tío y que ahora acumula tres títulos mundiales en 30 años de carrera, Cacho rememora sus 14 años en Cruz del Eje donde el billar era su "escape". "Aunque era más bueno jugando al mete-gol ¡Y al sapo era un viejero de aquellos!", confiesa.
–¿Ahora jugás seguido?–En realidad yo voy al bar para acostarme tarde, para no estar todo el día en mi casa! Pero cuando empecé a ir más temprano y volver más tarde me dijeron en casa: "¿Por qué no te llevás la cama al bar?" (risas).
Luego cuenta que hay algunos viejos en el bar El Pelado en Alta Córdoba que dicen: “No es estético, pero es eficiente el Negro. Algunos dicen que taqueo lindo y están interesados en que aprenda a jugar a tres bandas, pero con lo que juego me alcanza; es para divertirme. Ahora lo que dice él (Torregiani), ‘que se puede vivir bien con esto’, es para pensar!” (ríe).
–Pero te apasiona...–Lo mío es hobby, compré una mesa para mi casa de Carlos Paz y tengo admiración por los que juegan bien. Para mí ver un Mundial de billar fue lo mismo que para aquél apasionado que va a una prueba de Fórmula Uno y mira todos los autos y los pilotos. Torregiani agrega: "¡Vivió la final al lado mío. Transpiró y la gritó como nadie!".
Cacho, que también comparte amigos en común con Torregiani, contó el “mangueo” del regalo. “Tengo algo para vos me dijo Gustavo y yo dije Chan! Todo quedó ahí, pero esta semana nos encontramos en un shopping y de frente mar de dije: ‘Bueno loco, regalame un taco’. Si a mí me piden un cuento, ¿A vos que te puedo pedir?, una mesa imposible!”.
El campeón escucha distendido, feliz y no para de sonreír. Es que Cacho sigue a full con su picardía mientras especula en voz alta sobre qué hará con el regalo. "Le haré un marquito y lo colgaré. Y si no me compro el chalequito y cambio la viola por el taco". ¿Se atreverá? Por nuestro bien esperemos que no.

