Temas del día:

Cuidar los tesoros

En los Juegos Olímpicos de la Juventud, Argentina tuvo una aceptable actuación que invita a ser optmistas. ¿Podrán estos chicos llegar a ser mayores y triunfar?

31 de agosto de 2010 a las 07:44 p. m.
Cuidar los tesoros

La primera experiencia olímpica juvenil que finalizó el jueves en Singapur devolvió algunas agradables sorpresas para el deporte argentino, sobre todo en disciplinas poco difundidas, en las que los grandes anunciantes aún no se animan a invertir y donde las políticas deportivas a largo plazo siguen ausentes.

Los Juegos Olímpicos de la juventud, de ellos se trata, son mucho más que la versión mini de los JJ.OO. de mayores, cuyas próximas sedes ya confirmadas serán Londres (2012) y Brasil (2016). Para el belga Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), la idea de organizar estos Juegos es que el alto nivel competitivo "sea compatible con la convivencia de los cachorros de deportistas (todos ellos de 14 a 18 años)". Uno de esos cachorros es argentino: Braian Toledo, que consiguó la medalla de oro en lanzamiento de jabalina. El joven de sólo 16 años obtuvo un registro de 81,78 metros y se quedó con la presea dorada, marcando un hecho histórico para el deporte argentino, que en los Juegos de mayores cosecha cada tanto algún oro en disciplinas colectivas, como el fútbol o el básquetbol.

Toledo tiene en su poder el récord mundial de menores con 89,34 y dejó de ser una esperanza para el olimpismo nacional. Brian es un hecho concreto de 1,82 metro de estatura y poseedor de una extraordinaria técnica natural.

La delegación argentina también sumó medallas con el cordobés Lautaro Díaz (bronce en la posta americana de triatlón disputada por equipos mixtos); con las Leoncitas (plata, perdieron 2-1 la final 2-1); los chicos del vóleibol (cayeron 3-1 ante Cuba y se colgaron la plata); con Lucas Guzmán (bronce en taekwondo); y con Fabián Maidana (bronce en boxeo). Un apartado para el vóleibol: los chicos son campeones sudamericanos en menores y juveniles, terceros en los mundiales de las dos categorías y actualmente tienen el número 1 del ranking.

En total: Argentina sumó seis medallas (un oro, dos plata y tres bronce) en los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud, para los cuales ya hay 16 ciudades que se anotaron para ser sede en 2018. En lo inmediato, los del 2014 se harán en Nanjing, China.

¿Podrán estos deportistas sostener la presión de meterse de lleno en la alta competitividad? ¿Será en los Juegos 2016 donde podremos ver a un argentino en el podio de alguna disciplina no tradicional en el país? ¿Habrá definitivamente una política deportiva que contenga tanto talento deportivo y evitar que ese caudal se pierda en el océano de la burocracia?

Algunos meses atrás, en este misma columna, marcábamos el decepcionante cuarto puesto que había conseguido Argentina en los Juegos Odesur de Medellín. Ahora, el resultado reciente en los Juegos de la Juventud permiten augurar un futuro más auspicioso en disciplinas individuales, aunque si las polìticas deportivas sigan escaseando difícilmente el potencial en danza alcance para llegar a un resultado decoroso.

El deporte amateur, el menos difundido y el que menos aportes económicos recibe, es castigado sistemáticamente por la falta de planificación. Su motor son los dirigentes no remunerados que tienen que pilotear disciplinas en un bote agujereado en medio de tormentosos mares y el talento natural de algunos deportistas que, por suerte, en Argentina surgen de la nada.

El deporte amateur necesita, de manera urgente, el brazo estatal a través de políticas deportivas que trasciendan el gobierno de turno. El deporte amateur, el más castigado, el más olvidado, el más postergado, necesita mucho más que un puñado de becas. Necesita mucho más que algunos campos de entrenamiento. Necesita mucho más que intenciones y retórica. Necesita políticas universales que atiendan el deporte social, el de base, como los cimientos del deporte profesional. Las becas, lo vamos a repetir hasta el hartazgo, son necesarias, pero inconducentes sin una política de inclusión que los acompañe.