El 24 de marzo de 1976 en primera persona: cuando amaneció de noche
Un nuevo aniversario del golpe de estado trae recuerdos que mezclan el deporte con la tragedia.
"Seguí durmiendo, hoy no hay clases". Todavía resuena en mis oídos la voz de mi madre pronunciando aquella frase, la primera que escuché ese fatídico miércoles 24 de marzo de 1976.
Dentro de la inconsciencia infantil, (tenía 11 años), despertarme con el día libre no era una mala noticia, aunque no tardé en comprender que en realidad estaba en el amanecer del período más nefasto del país: la República se había perdido una vez más. A pesar de la pila de años que pasaron, tengo fresco el recuerdo de aquel momento. Ese año ingresé al minibásquet del club del barrio, Redes Cordobesas, en 24 de Septiembre y Roma, que el año anterior había ganado por primera vez el título de la Asociación Cordobesa con Marcelo Farías, Antonio Arnaldi, Guillermo Riofrío, Juan Turri...
Unos meses antes, en circunstancias muchos menos gratas, había visitado al club por primera vez, pero no para lanzar la pelota al canasto, sino para acompañar a mis padres que, desafiantes de las amenazas de la Triple A, me llevaron a despedir los restos del sindicalista Agustín Tosco, velado allí tras soportar en la clandestinidad su penosa enfermedad.
En Redes, Omar Suárez, todavía jugador de la institución, era el monitor de las divisiones menores y allí encontré un compañerito que aún no se destacaba, pero que rápidamente demostraría su progreso: Héctor "Pichi" Campana, quien por entonces dividía su pasión entre el básquetbol y las danzas clásicas.
Pero dos años antes del Mundial ´78, el fútbol nos atrapaba a todos.
La noche anterior al golpe fui a la cama con la vieja radio marca Franklin escuchando al "Gordo" José María Muñoz, de Radio Rivadavia, relatando un partido de River por la Copa Libertadores.
Esa jornada, en el Monumental, los de Núñez recibían al Portuguesa de Venezuela y mi interés radicaba en saber cómo le iba al futbolista cordobés del momento, José Omar Reinaldi, por entonces jugador de la banda.
Donde sí me traiciona la memoria es a la hora de saber si me dormí antes o después de los dos goles de la "Pepa" con que los millonarios vencieron 2-1, porque cuando mi madre entró al cuarto a despertarme, la radio estaba por el piso y alertando con marchas militares que el país ya no era el mismo.
La selecciónCon todo, unas horas más tarde, y gracias al asueto escolar, pude sentarme frente al televisor, blanco y negro, claro está, para ver en Canal 10 un triunfazo de la selección de César Menotti frente a un cotizado equipo de Polonia. Fue 2-1 en el estadio Slaski, de Chorzow, ante el equipo del "pelado" Lato, Tomaszewski, Szarmach y Deyna.
Cuatro días después del golpe, llegó al país y también a Córdoba el alemán Hermann Neuberger, vicepresidente de la Fifa, y el técnico de la selección germana, Helmut Schöen, para inspeccionar los estadios y confirmar la organización del Mundial.
El editorial de la revista "Goles" del 30 de marzo, fue un reflejo de la impresión que se llevó la comitiva: "Sabemos que en el pensamiento de las nuevas autoridades existe la firme convicción de que el Mundial es necesario en Argentina, que es importante para que el país se muestre sin deformaciones caprichosas a los ojos del gran público del mundo".
Lo que vino después, son postales que me quedaron grabadas para siempre: el susto por un allanamiento al vecino que me hizo esconder debajo de la cama por las dudas, mi padre quemando libros de su biblioteca en la terraza (los "desaconsejados" por la dictadura), la desaparición de mi primo Toti Sayago "porque algo habrá hecho" y yo pegando en la ventana de mi pieza la calcomanía "los argentinos somos derechos y humanos" que me habían dado en la escuela.
Pecados de juventud.