Córdoba, por el sueño del Dakar
La tarde cordobesa del vivac en Ferial fue un infierno. Calor y humedad, hicieron que el primer día del Dakar sea muy “africano”.
Córdoba tuvo un recibimiento sin tanta pasión como el año pasado. Poca gente a la vera de la Cárcano, los competidores pudieron ingresar a Ferial desde las 12 sin mayores problemas. El pabellón Verde fue elegido para armar las primeras carpas, mientras que los equipos se instalaron en el playón que está detrás del salón.
No hubo mucho detalles en la preparación. Si bien la idea es que cada campamento sea lo más rústico posible, los baños y las zonas aledañas mostraban cierta dejadez incómoda para este tipo de eventos.
De a poco, cada uno de los integrantes de una caravana de casi 2000 personas se fue adaptando a la nueva versión de la carrera. Con las carpas (cada vez más prácticas), con las computadoras (cada vez más pequeñas), con filmadoras (cada vez más funcionales). Una carrera que, a media tarde, tuvo una noticia trágica que volvió a marcar la prueba.
El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, llegó pasadas las 17. Como lo hace habitualmente ASO, lo homenajeó con un presente para el recuerdo y el mandatario recorrió, como un experto, todo el vivac. A esa hora se sabía de la muerte de una cordobesa, pero el tema no fue tocado por el político ni por ninguno de los que lo acompañaban.
La sala de prensa era un infierno. Porque el sol la había calentado a fuego lento y porque el accidente se confirmaba. Entre la lucha por encontrar detalles y la hidratación, todo era humedad, de sudor, de agua. Al final, cada periodista que llegaba se ponía a trabajar pero enseguida partía hacia el restaurante en busca de una botella del vital elemento.
Córdoba, experta en rallies, esta vez abrió el Dakar. Se lo merecía a pesar de que este tipo de competencia no termina de cuadrarle. Un tipo de espectáculo más amigo de las aventuras que de lo deportivo, poniendo al límite el aguante de los que participan, de los que apoyan y de los que cubren. Todo por un sueño.

