Carlos Monzón sigue siendo el Rey
16 años sin Monzón. El 8 de enero de 1995 se mató en un accidente mientras volvía al penal donde cumplía condena.
El 8 de enero de 1995, en los bañados de San Javier, tierra de bravos mocovíes, quedó trazado el surco lacerante que dejó Carlos Monzón, el más grande cacique santafesino, resignado a convertirse en otro mito trágico de los argentinos.
Lanzado como un bólido de pie perdido, a 140 kilómetros por hora, la cápsula metálica del R 19 color gris se deshizo de él en siete vueltas de campana y lo dejó, desnucado, de cara al sol. A las 17.30, la terrible noticia ganaba la sorpresa y atención de una audiencia hundida aún en el sopor de la siesta y, en general, indiferente.
Monzón era un tipo especial. Un duro querible. No tenía dulzura. A veces violento, a veces tierno. Consecuente, leal. Tratarlo no era fácil. Murió como si tuviese el destino anticipadamente señalado.
El derrotero de Monzón fue prefijado por el inapelable lenguaje de la violencia. Violencia por el pan escaso, violencia en el ambiente, violencia contra los adversarios, de quienes decía “los odio porque suben a quedarse con el porvenir que me estoy ganando”.
Sin el cinturón de seguridad puesto, Monzón volcó con su auto en la ruta provincial uno –a 50 kilómetros al este de La Plata– cuando volvía a la Unidad Penitenciaria Nº 2 de Las Flores, beneficiado por un régimen de salidas transitorias tras ser condenado por el crimen de Alicia Muñiz. Tenía 52 años y le faltaban 14 meses para quedar en libertad. Lo acompañaban dos personas, Jerónimo Mottura –ex jugador de Colón–, que también falleció en el accidente, y Alicia Yesa, que aunque herida fue la única sobreviviente.
Carlos Monzón es uno de lo más grandes pesos medianos de todos los tiempos, junto a Sugar Ray Robinson y Marvin Hagler. Pasó de la miseria al dinero y la gloria. Tuvo de todo en la vida y cerró la parábola trágica del boxeo, perdiendo todo la noche elegida para reconciliarse con su mujer.
Como suele suceder, su público lo perdonó al amparo de su grandeza deportiva. Nadie olvida el gesto acerado y frío con que acechó a Nino Benvenutti cuando le arrebató el título mundial en Roma, el 7 de noviembre de 1970.
Después, siempre junto a su mánager Amílcar Brusa, se dedicó a retirar adversarios y alcanzar una marca profesional de 100 peleas integradas por 87 victorias con 59 nocauts (eficiencia 67,81 por ciento), tres derrotas (todas vengadas luego), nueve empates y una sin decisión. Su récord de 14 defensas exitosas en la división se mantuvo vigente casi 24 años (superado al fin por el estadounidense Bernard Hopkins).
La evocación hacia Carlos Monzón no pierde vigencia. Él no buscó trascender las épocas y aceptó de buena gana que la vida es una aventura apasionada y conmovedora. El souvenir de "la Milonguita" Fue en las páginas centrales de la desaparecida revista española Dicen donde se conocieron. La hoja par titulaba "El gaucho de hierro" y se refería al santafesino Carlos Monzón. En la cabeza de la hoja impar se leía "El gaucho de oro" y contaba del cordobés Luis "Milonguita" Heredia, primer argentino que ocupó el sitial de héroe catalán con la camiseta del Barcelona ajustada al cuerpo.
Poco después llegaría la 12ª defensa titular de Monzón contra el tunecino Gratien Tonna, en el Nouvelle Hippodrome de París, donde Heredia concurrió para presenciar el triunfo del argentino por nocaut en el quinto.
La victoria dio lugar al cumplimiento de una promesa. Antes del combate, el futbolista le pidió un recuerdo al boxeador. Finalizado éste, Carlitos alcanzó a sacarse el guante izquierdo, color amarillo –el derecho desapareció hurtado–, y se lo obsequió a Luis, quien lo guardó como una reliquia y hoy es una pieza importante y extraña en los recuerdos deportivos que “la Milonguita” atesora en su casa.
“Para mí, Monzón fue un ídolo”, cuenta el cordobés y desliza que un coleccionista le ofertó hasta 15 mil pesos por el único guante que sobrevivió a la victoria del gran campeón argentino sobre Gratien Tonna, el 13 de diciembre de 1975. “Ni loco lo vendo”, confesó “la Milonguita” Heredia.

