Bronca demoledora
En la AFA no salen de su asombro por la violencia con la que reaccionaron varios cientos de hinchas de River una vez consumado el descenso millonario el domingo pasado en su estadio de Núñez.
“Pensábamos que con las campañas contra la violencia en el fútbol que se vienen desarrollando desde hace años este tipo de comportamientos eran parte del pasado, pero evidentemente el mensaje no llegó o no fue claro. Tendremos que hacer algunos retoques para reforzarlo “, aseguró el dirigente José Tranquilo, titular de la Secretaría de Paz, Amor y Fraternidad de la AFA.
“Los simpatizantes deben aprender a procesar los malos resultados, en lugar de demoler estadios”, agregó Tranquilo, mientras recorría las derruidas instalaciones del Monumental.
“Si alguna vez se comparó al Monumental con el Coliseo, hoy más que nunca se le parece ya que quedó tan hecho pelota como el de Roma”, reflexionó otro dirigente afista mientras calculaba entre los escombros si lo que quedaba del escenario mundialista resistiría el fervor de la próxima Copa América.
“Realmente no pensábamos que reaccionarían así, principalmente porque es apenas el primer descenso de River en 110 años de historia. Qué se puede esperar de los hinchas de Quilmes por ejemplo, que a lo largo de su historia descendieron 10 veces de Primera División”, se sinceraba el directivo.
Sin embargo, los críticos de la decisión de haber permitido jugar el partido con público frente a los riesgos que esto significaba, sostienen que la única razón lógica de quienes lo decidieron es que “querían algo de acción”.
“Tal vez se trata de gente que se aburre los domingos o que se hartó de las películas de chinos y programó algo para entretenerse, por ejemplo la quema del Estadio o una buena batalla campal entre hinchas y policías”, afirman los cuestionadores.
Desde este sector por ejemplo se recordó que Vélez tuvo que salir campeón en una cancha vacía, en castigo porque algunos de sus hinchas se dedicaron en un partido previo a encender bengalas, como si fueran un grupo de náufragos abandonados en la Isla de los Estados.
Para colmo ese mismo domingo Martín Palermo se retiraba oficialmente del fútbol y para la televisión su partida era mucho más importante que la vuelta olímpica del Fortín. Conclusión: todavía hay hinchas de Vélez que se están enterando por las redes sociales que su equipo salió campeón.
También se advierte que el mismo día que River jugaba en su cancha con Belgrano (pese a la escandalosa invasión de campo de sus hinchas en el Gigante), Defensores de Ramallo era obligado a jugar en Pergamino la promoción con Estudiantes de Río Cuarto por recomendación del Coprosede.
Al no haber ningún pronunciamiento oficial sobre esta contradicción, queda por pensar que los simpatizantes de Defensores de Ramallo deben constituir una de las más feroces y sanguinarias hinchadas de la Argentina, capaces de convertir en un infierno cualquier partido del Argentino B. "Llenar el Monumental con hinchas de River con la posibilidad de que el equipo descendiera, es como colmarlo con miles de trabajadores de alguna gran empresa en problemas, y una vez adentro decirles a todos que están despedidos, o meter 50 mil Testigos de Jehová para decirles que Dios no existe y que todo fue una broma", ejemplificó un José Sensatto, titular de la ONG "Locuras Argentinas".Esta organización está abocada a concientizar sobre conductas cotidianas irracionales de los argentinos que conllevan alto grado de peligro, como por ejemplo la de verificar si una garrafa recién instalada "pierde" acercándole un fósforo encendido a la conexión.
“Muchas veces nuestro trabajo busca crear conciencia para evitar que alguien salga desintegrado, y en ese sentido organizamos el Primer Simposio del Mercosur Hacia un Uso Responsable de la Garrafa Doméstica (con entrada libre y gratuita). Pero mientras nosotros concentrábamos el esfuerzo en las garrafas, el domingo alguien convirtió al Monumental en una de las mayores bombas de tiempo que jamás se haya activado en la Argentina”, se queja Sensatto.
En definitiva, y como es habitual el “forajido”, el “tarado” y por supuesto el “inadaptado de siempre” terminará cargando toda la culpa, mientras que ese “alguien” que convirtió a un estadio en un gigantesco barril de trotyl, seguirá repartiendo responsabilidades y atropellando la razón con la más implacable impunidad.

