Bonetto ya tiene su deseo de fin de año
El DT de la Gloria disfruta de este momento y defiende su forma de ser, a veces, muy temperamental. Anhela ascender dos fechas antes del final.
Instituto es cosa seria. Y es un fiel reflejo a su entrenador Marcelo Bonetto. La Gloria, gracias a sus cinco victorias consecutivas, quedó en el segundo lugar de la tabla de la B Nacional y, a 20 fechas del final del torneo, está en zona de ascenso directo.
El día después del triunfazo ante Unión, Bonetto dialogó con Mundo D y se animó a soñar con el ascenso a Primera División: "Ojalá sea en Alta Córdoba contra Defensa y Justicia".
Primero, el DT analizó este buen momento de Instituto. “Logramos conformar un buen grupo. Después encontramos un sistema donde funcionamos mejor, sobre todo en defensa. Las circunstancias nos hicieron jugar con este 4-4-2.
Si bien no brillamos ofensivamente, aprovechamos las chances. Siempre en función de la solidez de la defensa, desde un arquero bárbaro como Carranza, hemos cosechado muchos puntos.
–¿Lo mejor fue eso?
–Sí. Eso fue lo mejor de nuestro equipo, donde sobresalieron Carranza, Furios y hasta el trabajo que hacen los delanteros es importante. Todos están comprometidos con el sistema. Es una consigna que bajamos de entrada.
–Lo peor o a mejorar es en la ofensiva. ¿Qué se hace?
–Haciendo un balance de estas 18 fechas no tuvimos un gran volumen de juego. Igual, el equipo viene creciendo. Es la materia pendiente a solucionar para la próxima etapa. No me ato al 4-4-2. A mí me gusta más el 4-3-1-2, pero las circunstancias me arrastraron al otro sistema.
–Arrancaste tu etapa en Instituto y te miraban de reojo. ¿Cambió esa percepción?
–He notado que, en general, hay una mejor aceptación. De todas maneras, aún falta mucho y no hay que relajarse. De última, a mí me sirve que me estén evaluando constantemente.
–¿Por qué estás siempre tan serio?
–Los que me conocen en la intimidad saben que no soy así.
–¿Pero reconocés que por ahí “se te sale la cadena”?
–Eso es cierto. Tengo mi carácter. Un temperamento fuerte y tengo algunas reacciones que por ahí no controlo. Me he ido superando en eso también. Prefiero ser así y no pecho frío. Lo ideal sería encontrar el equilibrio justo. Pero bueno, todos estamos tras el equilibrio en todas las profesiones y no es fácil lograrlo. Con el tiempo y la experiencia seguramente uno lo conseguirá.
–¿Rompiste un poco con ese estigma del entrenador cordobés, al cual se lo mira diferente y no se lo evalúa como al que viene de otro lado?
–No me gusta cargar con esa mochila que dice que si me va bien reivindico a todos los técnicos de Córdoba, y si me va mal los sepulto a todos. Yo creo que hay mucha gente que en Córdoba le ha ido bien, por ejemplo Corti, Guyón, Willington, Trignani. No es fácil conseguir un ascenso y esa gente lo consiguió.
–Pero no sé si son tan valorados por el trabajo que hicieron.
–Eso queda a criterio de cada uno. Yo digo que es muy difícil conseguir algo tan importante como un ascenso. Esa gente lo consiguió y por algo debe ser. Como en todos lados, en Córdoba hay buenos técnicos y no tan buenos. Creo que la camada nueva viene con otro tinte, con otro perfil.
–¿Cómo te definís como entrenador?
–Soy bastante abierto. Hay que estar muy atento al manejo del grupo y de cada jugador. Siempre tratamos de evolucionar en el manejo del grupo. Es tan importante como entrenar bien o planificar los partidos. Si no tenés jugadores que te respalden y te respondan, sos boleta.
–Después de ganar el primer partido ante San Martín de Tucumán, en la primera fecha, te hice esta pregunta y ahora lo hago de nuevo. ¿Sentís que le tapaste la boca a alguien?
–Lamentablemente, para ser sincero y no ponerme el casete, te tengo que decir que sí. Esa clase de gente que hablaba con mala leche no me interesa. Aquellos que lo decían con algún prejuicio, esa sí me interesa. Si con el transcurrir del torneo fui ganando adeptos, bienvenido sea. Pero, también sé que hay gente que está agazapada y espera que pierda tres partidos seguidos para saltar. La tengo clara a esa también. Hablo del ambiente del fútbol. Pero estoy muy tranquilo y seguro de lo que hago.
–¿Te molestaba los que decían que venías del Argentino A?
–Eso era hasta un poco lógico. La verdad es que yo venía de dirigir tres años en esa categoría, donde me fue muy bien. Pero nunca me jodió eso porque estaba muy seguro de mis cualidades. Sabía que iba a andar bien. Creo que ya está. He demostrado que puedo dirigir en la B Nacional, aún faltando el 50 por ciento del torneo.
–¿Qué vas a pedir el 31 de diciembre cuando levantes la copa para brindar?
–Ascender con Instituto. Siempre estoy soñando con esa posibilidad. Porque el que no sueña, difícilmente pueda conseguir cosas. Alguna vez soñé jugar una final con Racing en la cancha de Atlético Tucumán. Después no se ganó por distintos motivos. A esa final la venía soñando seis meses antes. Y ahora sueño con ascender con Instituto.
–¿Y conseguir el objetivo en última fecha?
–No... (risas). Ojalá que sea en Alta Córdoba, contra Defensa y Justicia. Sería dos fechas antes del final del torneo.

