Boca está aburguesado y en crisis
Vélez lo pasó por arriba y pudo haberlo goleado. Los jugadores del "Coco" Basile parecen haber entrado en una etapa de confusión. ¿Saldrán?
Vélez Sarsfield se entrenó hoy por la mañana. Boca, por la tarde. Es minúsculo pero marca diferencias entre un plantel que tiene en el sacrificio uno de sus elementos clave y otro al que, hoy por hoy, se lo ve aburguesado, conformista, laxo.
Boca aparece errático desde la misma conducción que dispone entrenarse un día por la mañana, otro por la tarde, uno en el estadio, otro en Casa Amarilla, uno a puertas abiertas, otro a puertas cerradas, con permanentes cambios sobre la marcha a punto tal que hoy no puede saberse que va a pasar mañana.
Aparece aburguesado desde esa actitud de sus jugadores de quejarse porque el club, para abaratar costos, cerró un trato por el cual los viajes en avión se hacen en compañía de hinchas que sí, pueden ponerse pesados con tantos requerimientos de autógrafos y fotos pero no sería para tanto, se toleraría mejor con un simple baño de humildad.
Esos detalles se traslucen después en la cancha y la historia está haciéndose repetida porque a Boca lo pasó por arriba Vélez pero también lo había pasado por arriba Atlético Tucumán, lo había superado en el juego Newell\'s Old Boys, le había sacado dos goles de ventaja Argentinos Juniors.
Con Juan Román Riquelme o sin él, con Sebastián Battaglia o sin él, con los extranjeros o en sus ausencias, la canción viene siendo la misma y ya cabe preguntarse si se podrá cambiar la partitura o si es la única que se está en condiciones de cantar.
En Liniers apareció Roberto Abbondanzieri. Uno de los más cuestionados -con razón- a lo largo del año produjo una muy buena actuación, sostuvo a su equipo, lo mantuvo en competencia cuando hacía agua por todos lados. Pero lo suyo no bastó y es la demostración de que las individualidades son sólo una parte del tema.
Porque Riquelme se esforzó, transitó bien la cancha, pidió la pelota siempre y generó algunos chispazos propios del "gran" Riquelme que conocemos pero si en su derredor no hay un equipo, se le facilita al rival la manera de contenerlo.
Boca tiene una última línea que no es consistente en ningún punto, Battaglia está lejos de aquel hombre que ganaba pelotas por toda la cancha no hace mucho, el chileno Gary Medel no se sabe a qué juega, los hombres de probada buena técnica no logran asociarse con Riquelme y a los atacantes les cabe la disculpa de que no les llega juego apropiadamente.
Hubo momentos en que el desborde fue tal que en cualquier lugar del campo donde hubiese un jugador de Boca brotaban cuatro o cinco de Vélez para asfixiarlo. Y no se trata solamente de una cuestión física. En fútbol es la automatización de movimientos colectivos la que permite cubrir mejor la cancha no siempre corriendo más. Un bloque siempre le va a ganar a futbolistas dispersos.
Si se miraba la lista de suplentes en la búsqueda de soluciones se llegaba a la rápida conclusión de que allí no estaban. Si se repasa el plantel para ver de qué modo podría torcerse el rumbo desde el domingo próximo tampoco hay respuestas sólidas. Porque los problemas van más allá de los nombres.
Vélez ganó nada más que 1 a 0 porque así suelen darse las cosas, por imperfecciones de milímetros en una asistencia o una definición, porque el arquero rival tuvo una buena noche pero resulta incontrastable que mandó en la cancha de principio a fin, que gobernó el partido con convicción y mano firme. Como lo hace un equipo, en el cabal sentido de la expresión.

