Belgrano: todo se entiende
Todo se explica. Y todo se entiende: que la cancha está buena. Que el piso parece un billar. Que los empleados trabajan y no protestan. Que los empleados están tranquilos porque cobran en tiempo y forma. Que desde hace rato ya no hay medidas de fuerzas de los jugadores. Que los jugadores ahora dicen que se quieren quedar y que no se quieren ir. Que elogian el predio de Villa Esquiú. Y dicen los de afuera que Belgrano está a un nivel de primera división. Que hasta Lanús, sí, el mismísimo Lanús, nuevo referente del fútbol nacional, club ejemplo de orden y prolijidad, lo hizo suyo y lo elogió. Que desde antes, bastante antes, los de afuera, primero tímidamente y luego con todas las letras, y también los de adentro, ya habían empezado a notar cambios. Sí, cambios.
En detalles: la ropa de los jugadores, la presentación de sus campañas de socios, la incorporación de ex figuras... Pero le faltaba algo. Algo que se parecía a mucho. Y decir mucho en el club tan futbolero como es Belgrano es decir alegrías, o sea satisfacciones; o sea objetivos cumplidos; o sea títulos, o algo más o menos parecido.
Este ascenso no es un título. No ha sido por salir campeón. No ha acumulado el mérito como para dar una vuelta olímpica pero ha tenido la misma trascendencia y el mismo valor. Volteó a un Grande. Al glorioso River Plate. Al más ganador. Al del paladar más negro. Al del juego exquisito y refinado. Ese cayó. Ni más ni menos. Y así también fue el ruido que hizo cuando cayó.
Así, con golpes cortos, bien apuntados, se pueden sintetizar los últimos seis años de Belgrano. O lo que es lo mismo, de Córdoba Celeste. Nada como una buena gestión para derrumbar paradigmas. Armando Pérez condujo una empresa privada que se hizo cargo de un club de fútbol llevado hasta la quiebra como entidad civil sin fines de lucro.
Él y un grupo de personas refrescaron la imagen gastada de un club centenario. Ahora no lo hará como gerenciador sino como presidente. Estará al frente de una comisión directiva. Seguirá guiando una entidad con formas legales socialmente “más admitidas”. Y tendrá que debatir ideas con los socios. No valdrá sólo su palabra y su decisión. Se supone que “la sociedad” celeste deberá estar más representada.
Armando Pérez ha tenido suerte. En esta azarosa tarea de conducir una institución deportiva ha vuelto a reír. Cumplió un ciclo. Le salió bien. El mismo que no pueden cerrar Instituto, Talleres o el mismo Racing. Pero se nota un cambio. De a poco, con mucho entusiasmo, esfuerzo y responsabilidad las últimas dirigencias le están cambiando la imagen al fútbol de Córdoba.
Los planteles se arman a tiempo. Se respetan los tiempos de las pretemporadas. Las divisiones inferiores son más valoradas. Hay nuevas obras. Se nota más la representación de los clubes en la AFA... Hoy le tocó a Belgrano. El azar, más adelante, mirará hacia otros costados.Olave atajó el penal decisivo. Farré sentenció la promoción. Hitos de una historia breve que corre hacia al mismo lado que la historia mayor. Signos vitales de un cambio que sin ser profundo, ya está dando buenos resultados. ¿Será el comienzo del gran cambio? Conducir un club admite riesgos.
El fútbol acuna la imprevisibilidad como algo propio del juego. Y en ese marco habrá errores y también sorpresas. Sin embargo, un penal atajado o un gol consagratorio tienen menos de impensados cuando por detrás hay un trabajo serio y bien planificado. Lo logró Belgrano. Está comprobado.

