A Belgrano lo condena la herencia
La pésima primera rueda impide que la buena campaña de Guyón alcance para que la “B” luche por el ascenso. El martes recibe a Merlo.
Belgrano quedó a un paso de confirmar su permanencia en la B Nacional y no es una buena noticia para sus hinchas, porque cuando la temporada se inició, los objetivos fueron otros."El presidente me dijo que quiere ser campeón", fueron las palabras del entrenador Omar Labruna, quien arrancó la temporada después de haber perdido los partidos de promoción con Rosario Central y se quedó hasta la tercera fecha (empató uno y perdió dos).
Fue la primera incoherencia de Armando Pérez en lo deportivo para la temporada, porque las diferencias con Labruna eran marcadas, pero el gerenciador lo ratificó en el cargo, armó el equipo, organizó la pretemporada y lo despidió después de 270 minutos de juego.
Luego, el gerenciador apostó por Daniel Primo para conducir el equipo, como lo había hecho en Primera, y el resultado fue el mismo: una pobre campaña (cuatro ganados, dos empates y siete derrotas).
Con el equipo en el 17º puesto, lejísimo de los de arriba y muy cerca del "papelón", llegó a la conducción técnica Jorge Guyón. "El Jabalí", un hombre del riñón celeste se hizo cargo de la situación y consiguió tres triunfos en fila y llegó al final de la rueda inicial con una mueca de esperanza.
El entrenador hizo su parte, le “llegó al grupo” y sin hacer demasiado ruido fue logrando un equipo que mejoraba con el correr de las fechas. Apareció el buen juego y los resultados positivos le dieron la derecha a un trabajo ordenado y con sangre joven a su lado (Germán Martelotto y Darío Cavallo).
Pero la estupenda campaña de Guyón (ganó 10, empató siete y perdió dos) con el 65 por ciento de los puntos cosechados, no pudo alejar la mochila de la primera parte del certamen y la pesada herencia lo deja en la puerta de la eliminación en la lucha por un ascenso.
Guyón y las presiones
"Nos exigíamos fecha a fecha. Buscamos pelear por llegar a una promoción, que era algo increíble para nosotros por donde estábamos y, aunque muchos no lo crean, eso te va gastando psicológicamente. Todas las semanas uno piensa en que se viene un partido bisagra... Si es un fracaso o no es fracaso... Todos los días hablamos de lo mismo y eso te mata. Después no hay descanso, no estamos acostumbrados a jugar tres partidos en siete días", decía Jorge Guyón al final del partido ante los correntinos.
Es cierto que las exigencias han sido muchas y que las lesiones han diezmado al equipo, pero también lo es que cuando el plantel se armó para pelear "el campeonato", como sostenía Armando Pérez, en julio de 2009, se eligieron los futbolistas que lo integrarían, se apostó por los juveniles y se quedó sin el recambio que a la vista hoy necesitaría.
El sueño en el inicio de la temporada era llegar a ser campeones, luego mutó a jugar una promoción. Aún es posible porque la matemática así lo marca, pero la realidad dice que lo hecho en la primera parte se está pagando en el cierre del torneo.

