Atenas tiene un "Tono" que lo distingue del resto
Antonio Brkljacic es el "alma" del Griego. Lleva casi 60 años en el club, donde fue jugador, asistente, DT y hoy es manager. Un personaje de mil anécodtas.
Es sinónimo de Atenas y memoria viviente de la evolución del básquetbol cordobés. Antonio Brkljacic, mánager de los de barrio General Bustos, vivió y se adaptó a todas las etapas que le tocó vivir. Fue jugador, director técnico, asistente y mánager de los griegos a lo largo de más de medio siglo. "Acá siempre hice folklore, tango y jazz", dice entre risas.
Comenzó en las canchas de tierra al aire libre, en Rieles Argentinos, y enseguida pasó a Atenas para iniciar una carrera que hoy, a los 70 años, todavía lo tiene vigente. Una medallita con el escudo ateniense y con la leyenda "campeón infantil 1953" es, entre tantos trofeos, la "joya" que atesora con más celo.
"Mi ídolo era Pedro Bustos y jugué en el club hasta el \'67, pero tuve que dejar por una arritmia", contó a Mundo D en la imponente sala de presidentes de Atenas, recinto que desde 2002 lleva su nombre.
Su pasión por el básquet no lo hizo abandonar. En Buenos Aires participó de los primeros cursos de entrenador de la Confederación Argentina, y bajo la enseñanza de Casimiro González Trilla (entrenador del seleccionado campeón mundial del '50) y Jorge Canavesi recibió su título de DT.
“Empecé en Redes Cordobesas y en el \'71 vine a dirigir a Atenas. Entre idas y vueltas, fuimos campeones en 1974 y en el ‘78, después de un torneo en Mendoza, le entregué el equipo a Walter Garrone”, recordó.
Siguió ligado al club y en 1988 encontró su lugar como mánager de los griegos, que ya hacían "roncha" en la Liga Nacional. En su nueva función organizó cada movimiento del club fuera del ámbito local y se convirtió en una especie de "embajador" del club. Hasta que en 2006 le pidieron que diera un paso al costado y se fue, juicio de por medio. Pareció el peor final. Pero el año pasado, el presidente griego Felipe Lábaque, con quien se había enfrentado, le abrió otra vez las puertas del club.
“Lo mejor que te llevás del básquetbol son los reconocimientos que no se ven. Eso no tiene precio”, reconoció.
Una anécdota"A Matienzo llegué en el '82 y me pasó una increíble. Sin tiempo de nada, dirigí sin entrenarlos y por referencias. Me presentaron los jugadores y entre ellos a un tal doctor Rozes, que usaba lentes y se vestía como uno más. Se sentaba al lado mío en el banco y ya en el segundo partido se lesionó un jugador nuestro, Oscar Acosta. Ahí nomás le dije: \'Doctor, atiéndalo\'. Su respuesta me dejó frío: \'No soy médico, soy jugador y abogado\'. No sabía qué decir, porque yo no lo había hecho jugar pensando que era el médico del equipo".