Argentina (Maradona) suma sólo desconcierto
La selección perdió ante Paraguay y quedó en zona de repechaje. El análisis de Enrique Vivanco.
Diego Maradona ubicó a cuatro defensores, cuatro mediocampistas y dos delanteros. El mismo sistema táctico que el que utilizó ante Brasil.
Para avanzar, se apoyó en el traslado y el toque de Verón y Gago. El aporte de ambos, más algún intento aislado de Dátolo, no encontró eco ni en Agüero ni en Messi. Los chiquitos estuvieron ausentes en casi todo el encuentro.
Argentina no tuvo orden colectivo ni para retroceder ni para progresar en la cancha. No marcó en forma ordenada; no presionó en bloque a sus adversarios en ningún lugar de la cancha. Además, tuvo problemas en las respuestas individuales: Heinze y Domínguez manifestaron muchas dificultades para contener a Cabañas y a Haedo Valdez.
Esa actitud argentina tuvo como respuesta un afianzado esquema de contención paraguayo, cuyos integrantes duplicaban o a veces triplicaban su presencia ante la de sus rivales en cualquier sector del campo de juego. Por un argentino había por lo menos un par de paraguayos.
El ataque guaraní recayó, básicamente, en los citados Cabañas y Haedo Valdez. Argentina no tuvo referencias. Distante, distraído, fuera de contexto parecía Messi. Maradona apeló a manotazos de ahogado al hacer ingresar a Palermo y a Schiavi, los dos con la única misión de meter algún cabezazo que salvara una noche de desencanto. En esas decisiones, Maradona demostró toda su impotencia y la de su equipo para llegar al arco adversario como a él más le gustaba en su época de jugador: con el balón al ras del piso y con jugadas medianamente elaboradas.
En síntesis: Argentina presentó un amateurismo descarnado en la ausencia de una mínima estrategia para afrontar el partido. Maradona, silencioso e impotente, alteró la formación del equipo como también un técnico aficionado pudo hacerlo. Apeló a los grandotes, que no lo pudieron salvar.

