A 30 años del título de Diego y su ballet
Una selección argentina que maravillaba se consagraba hace tres décadas en Japón.
Buenos Aires. Hoy se cumple el 30° aniversario de la consagración como campeón del mundo en Japón, en 1979, del seleccionado juvenil argentino, con Diego Maradona como estandarte y con la bandera del buen fútbol que enarbolaba ese conjunto que dirigía César Luis Menotti.
Aquel viernes 7 de setiembre, en el Estadio Nacional de Tokio, los japoneses contemplaban maravillados lo que proponía ese 11 albiceleste que jugaba “muy lindo”, quizá como ningún otro seleccionado lo hizo en la historia. Con esa final victoriosa sobre Unión Soviética (3-1), Argentina coronó una fantástica producción que incluyó seis victorias en igual cantidad de juegos.
“Integré muchos equipos campeones como Boca 1981 o Rosario Central 1986, pero puedo garantizar que como ese del Juvenil en Japón no hubo ninguno”, manifestó días atrás Osvaldo “Pichi” Escudero.
Porque ese equipo, más allá del hándicap de tener a Maradona en el plantel, jugaba como tal. Menotti había comandado al seleccionado campeón del mundo en junio de 1978. Meses más tarde, luego de una increíble tarea de preselección que encabezó Ernesto Duchini (quizá el más grande “descubridor de talentos” en el fútbol argentino), “el Flaco” se puso al frente de un equipo que ilusionaba.
“Uno se imaginaba que ese equipo podía andar bien y salir campeón, pero jamás que íbamos a tener el brillo que alcanzamos”, comentó Osvaldo Rinaldi. “Sabíamos que, a la larga, nos íbamos a imponer sobre el rival”, reconoció Juan Barbas.
Argentina arrancó su camino al título un domingo 26 de agosto en Omiya: goleó 5-0 a Indonesia. Luego sobrevino un ajustado triunfo sobre Yugoslavia por 1-0, con gol de Escudero, quien recordó: "Fue el único partido que no jugamos bien. Tanto que Menotti se enojó mucho por nuestro rendimiento".
Después, Argentina derrotó por 4-1 a Polonia. En cuartos de final, el rival fue Argelia y el triunfo, 5-0.
“Fue nuestro encuentro más difícil, porque los argelinos nos corrían a todos lados. Es más, una vez que terminó el partido, los tipos nos perseguían por el hotel para que les intercambiáramos las camisetas. Estaban fascinados por enfrentar a un equipo que tenía a Maradona, a Ramón Díaz...”, contó Rinaldi.
Uruguay fue el adversario de semifinales. Tras un primer tiempo parejo, Argentina aprovechó un robo de Escudero, quien cedió a Díaz (goleador del torneo con ocho tantos) y definió para el 1-0. Luego, Maradona puso el 2-0 de cabeza.
La final se jugó un viernes y la dictadura militar encabezada por Jorge Rafael Videla quiso sacar rédito político del suceso deportivo. Como el cotejo decisivo se jugaba muy temprano para Argentina (por la diferencia horaria) se dictó una suerte de “jornada no laborable” para que el “pueblo argentino” acompañara a su selección por TV, aún en blanco y negro. “Sabíamos que la gente se levantaba muy temprano. Eso nos hizo muy fuertes”, dijo Barbas, quien reflexionó sobre Menotti. “Me acuerdo que antes de la charla técnica para la final, nos dijo que a él ya le habíamos cumplido”.
En la final con Unión Soviética, apenas comenzada la segunda etapa, Ponomarev puso en ventaja a los europeos. "Lo dimos vuelta con fútbol, con las entradas de (Alfredo) Torres y (Juan José) Meza, que se sumaron a Diego y al 'Pelado' y empezamos a desbordarlos por todos los lados", recordó Rinaldi. La conquista sirvió de ejemplo para futuras consagraciones que selecciones de menores hilvanaron, en el exitoso ciclo de José Pekerman.

