De Zielinski a Franco: cambios que suman
Fue la innovación de Ricardo Zielinski. El movimiento que no habían hecho otros técnicos; o al menos, había sido poco utilizado. El técnico liberó a Franco Vázquez de grandes responsabilidades tácticas y lo puso unos metros atrás del “Picante” Pereyra.
Así, Belgrano finalizó un dibujo en el que se veía la imagen dura de un equipo preparado para la lucha y la paciencia, y el rasgo fino de un jugador que puso su talento para servirlo. Desde ese momento, la “B” tuvo bien en claro cuál era su norte.
Darío Franco empezó el torneo con sorpresas. El Google albirrojo indicaba el origen de muchos nombres desconocidos y sin tanta estela previa. El escepticismo se centraba en la delantera. ¿López Macri? Mmm... ¿Dybala? Mucho gusto ¿Burzio? ¿Quién es? El técnico de Cruz Alta mostró una formación rapidita y de buen toque. Y directa al grano, sin preámbulos. Instituto, al principio, sorprendió. Primero ganó y después, ahí nomás, empezó a gustar. Sin embargo, como en todo proceso, los engranajes debieron ajustarse para darle movimiento a un conjunto de juego a veces precioso.
Cerca del fundamentalismo, la ideología de Franco choca muchas veces con la dinámica y los imprevistos del juego, lo que provoca su enojo. La jugada debe nacer prolija y bien intencionada.
Algo difícil cuando su receta ha sido estudiada para ser neutralizada.
Los buenos resultados trajeron alivio y esperanza en una lucha encarnizada. De aquella vanguardia súper vertical, con una progresión hacia el arco casi sin escalas, un cambio de velocidad menos ubicó en la foto a Diego Lagos. Un poco de freno al vértigo y un poco más de posesión de la pelota y por qué no de gol, fue la apuesta.
La Gloria se fue consolidando y no tuvo tiempo de distracciones. River, Quilmes y Rosario Central siguieron y seguirán acechando. Dos empates importantes (Huracán y Ferro), ante tanta presión, resultaron insípidos. Franco tuvo que dar otra vuelta de tuerca. Más control de balón. Más juego del medio hacia arriba. Hernán Encina, con otra música, ocupó el lugar de López Macri. E Instituto pasó a tener a Encina-Dybala y Lagos, o lo que es lo mismo, a tres jugadores de pie sensible y sin características de delantero de punta.
Con ese cambio, Instituto se potenció. Volvieron el toque, la generación de jugadas y los goles. Sin grandotes en el área, con cinco mediocampistas y un delantero (Dybala), que calza perfecto en su nuevo circuito de juego, volvieron las victorias abultadas: 10 goles en tres partidos (tres a Aldosivi; cuatro a Atlético Tucumán y tres a Rosario Central), y el regreso, solo, a la punta. La efectividad sorprende, pero más asombra que la generación de alegrías se haya repartido de forma tan equitativa. Convirtieron todos: Encina, Dybala y Lagos, pero también Gagliardi, Fileppi y hasta López Macri.En otro nivel, Barcelona ha sabido ganar, golear, ofrecer exhibiciones fantásticas y dar vueltas olímpicas con Fábregas, Xavi, Iniesta, Thiago, Messi y Dani Alves, más adelantado. Ningún delantero, pero mucho peligro.
Con este equipo ¿Franco plantará bandera? ¿Apostará a estos hombres hasta el final? Como a Zielinski con Vázquez, los números lo avalan. Y el juego también. Esto último es lo más respetable y lo que más parece interesarle al técnico. Que pone las buenas intenciones por encima de cualquier nombre.

