Violencia en el fútbol: Córdoba tiene para preocuparse
¿Cuánto faltó para que en aquella fatídica noche del 14 de mayo, luego del partido con Boca Unidos en Corrientes, hinchas de Instituto no lastimaran físicamente a un jugador glorioso?
La apretada de esos barras metió de lleno a la Gloria en el mapa reciente de la violencia y obligó al país a hablar por lo vergonzoso del hecho y la poca reacción dirigencial.
¿Qué restó para que en aquella lamentable tarde del 8 de abril, tras el partido con Estudiantes, no hubiera un herido o un muerto en la preferencial de Belgrano? El enfrentamiento, que ningún policía hizo algo por evitar, estuvo a un puntazo o un balazo de la tragedia. Córdoba, que muestra sus síntomas, tampoco debiera estar tranquila ante el flagelo.
Que aún haya detenidos por aquella terrorífica acción contra la delegación de Instituto es una buena señal. Positiva, pero insuficiente.
Porque mientras haya delincuentes que trabajan de hinchas al amparo de los poderosos el fantasma existirá, acá y en el país. Sin embargo, se sigue hablando más de Riquelme, de River, de las inhibiciones, de los pases o de los torneos que de la violencia. Es la gran materia pendiente de nuestro fútbol. Una deuda eterna.

