Una verguenza monumental
Lionel Messi intentó enganchar, pero el campo de juego le jugó una mala pasada, resbaló y cayó al piso con una peligrosa apertura de piernas.
El rosarino, que vale la pena recordar es el mejor jugador del mundo, se podría haber lesionado en esa acción, aunque no fue el único que padeció el paupérrimo estado del terreno del estadio de River el último viernes durante Argentina-Chile.
En los poco más de 90 minutos que duró el encuentro por la primera fecha de las eliminatorias, se sucedieron un montón de situaciones que conspiraron contra la integridad física de los futbolistas y el buen juego.
El campo fue indigno para la selección y la liga que tienen al Monumental como escenario principal, un seleccionado formado por figuras de primer nivel internacional y un campeonato que se precia de ser uno de los cinco más importantes del mundo. Un terreno que atenta contra las pretensiones de Argentina, en un estadio que de un tiempo a esta parte muestra un deterioro y una dejadez incomprensibles y al que nadie se preocupa por modernizarlo.
Así como está, impresentable, el Monumental de Núñez es una vergüenza. Eso sin contar que la entidad madre de nuestro fútbol se enteró días antes del partido que, por un problema entre River y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no se podían vender unas 20 mil entradas y hubo claros en las tribunas.
Es hora de que la AFA se ocupe de ser anfitriona en una casa que se adecue a la jerarquía que pretende tener su selección. Para eso se necesita que, para eliminatorias, abra el juego y lleve al equipo a otras sedes. Y hoy Córdoba es la mejor opción.

