La ventaja de dar en el blanco
Talleres utilizó media docena de pibes frente a Santamarina. Su miniequipo cordobés tuvo a Requena, Trulls, Carabajal, Leyes, Álvarez y Francés. Instituto arrancó ante Defensa y Justicia con tres jugadores que nacieron de sus raíces: Gagliardi, Canever y Dybala. Belgrano se regaló un triunfazo ante Lanús con Barrios, Lollo, Turus, Parodi, Maldonado, "Teté" González y Pittinari. Terminó con siete productos propios de ayer y de hoy, aunque la mayoría originaria de Villa Esquiú.Se dijo en su momento que las coberturas periodísticas en Córdoba ya no reflejan el hastío de futbolistas enojados por falta de pago o la inexistencia de lugares apropiados para entrenar, que por extensión, reflejaban pobres resultados y descensos casi compulsivos.
Eso ocurría en otra época, eran hechos que forman parte del pasado. Hoy el panorama es distinto. Las crónicas muestran una realidad revitalizada por las buenas gestiones, los confortables ámbitos de competencia y una producción en divisiones inferiores que confirma el gran cambio en nuestros clubes.
No es casual que el entrenador de River y el jugador más representativo de Boca hayan advertido la maduración del proceso cordobés. Tanto Matías Almeyda como Juan Román Riquelme apuntaron al centro del universo futbolístico, al espacio que todos, en el fondo, quieren ocupar, al margen de los títulos que halla en juego. Ellos dispararon el mejor elogio: dijeron que el equipo que mejor juega en el país es Instituto.
Aunque sobre gustos no haya nada escrito y el fútbol también admita bibliotecas distintas y paladares diferentes, no son pocos en Argentina los que sostienen lo mismo que Almeyda y Riquelme.
Esa afirmación subjetiva tiene argumentos sostenidos en la labor diaria de los reclutadores, entrenadores y juveniles de divisiones inferiores, y también en un aspecto que no se ha resaltado en toda su dimensión: la elección de los jugadores que han llegado de otros clubes, el buen ojo para incorporar futbolistas afines a un tiempo histórico, a un determinado proceso, y a la búsqueda de un objetivo establecido.
¿No ha sido acaso brillante el aporte de Chiarini en el arco de Instituto? ¿No ha sido muy buena su adaptación a una manera de jugar al fútbol, tal como ocurrió con Sills, Fileppi, Coronel, Videla, Lagos, Encina o López Macri por citar algunos de los habituales titulares? Ha sido preciso el disparo que desde Alberdi apuntó a los botines y la personalidad de “Chiqui” Pérez, Ribair, en su momento a Farré y al “Picante” Pereyra o al mismo “Teté” González para que Belgrano adquiriera experiencia, fortaleza anímica y personalidad dentro de una cancha.
Talleres es el que menos puntería ha tenido en ese rubro, aunque con Sáez y Riaño ha dado en el blanco.
Al citar estos casos, es inevitable volver en el tiempo y remitirnos a aquellas viejas épocas de mudanzas en bloque, contrataciones a granel, erogaciones no compensadas en la cancha y los inevitables descensos y más descensos.
Hoy, hasta en eso los clubes parecen actuar con más eficiencia y responsabilidad. Y los jugadores foráneos ayudan. Ya no son veraneantes VIP que recalaban en Nueva Córdoba y en Villa Carlos Paz para pasar una temporada distendida de lujos y pocas obligaciones.

