Vélez, límite y enseñanza
Boca se da el lujo de regular hasta con dos hombres de más en la Bombonera porque sabe que el trotecito lo llevará al título. Son las licencias de un equipo poderoso en regularidad y consistencia defensiva, en un contexto de muchos equipos ascendidos, un par de grandes venidos a menos, de un Riquelme excluyente aun sin jugar.Nadie puede discutirle el torneo a Boca, si, como se presume, lo gana. Se puede polemizar acerca de sus escasas ideas y sus pocos matices. Boca será el justo campeón, el más ganador, el que no perdió y el que provocó más alegrías a la par de sus resultados. Boca, es necesario decirlo, se benefició de un discreto nivel general, en el que se ve poco juego y más faltas.
Una excepción es Vélez, el actual campeón, el que no se salió del molde de la eterna transición que sufre todo ganador al lucir la corona. La distensión natural de ánimo, más la partida de algunos de sus mejores hombres (Silva y Moralez), más las lesiones sufridas por otros jugadores importantes (Martínez o Zapata), más la doble participación en el Apertura y la Copa Sudamericana (está en semifinales) fueron los motivos por los cuales arrancó desde atrás y no pudo seguir los números y el pragmatismo de Boca. Pero, nobleza obliga, merece la mención de ser el visitante más ilustre que tuvo Córdoba en este torneo, y más que por sus recientes pergaminos, por la naturaleza de su juego y la riqueza de su expresión.
Bonito toque le metió el equipo de Ricardo Gareca a Belgrano, sobre todo en el primer tiempo, cuando se juntaban sus jugadores y se comunicaban casi sin error. El diálogo era breve y en espacios reducidos cuando la tenía Emiliano Papa en la izquierda y se le acercaban Ariel Cabral o Iván Bella, y lo mismo pasaba cuando en el otro lado, de un modo más rudimentario, la trasladaba Cubero y lo ayudaban Fernández, Cerro o Cantero.
Fue una buena expresión la de Vélez, fresca y ágil, a tono con la juventud de casi todos sus medios, una reciente camada que suple la exitosa anterior y que antecederá a otra que intentará sostener la estirpe del club más prolijo, ordenado y junto a Boca, el más ganador de las dos últimas décadas.
Para Belgrano fue más una enseñanza que una derrota. Vélez, sin quererlo, le puso límites y estableció distancias con un equipo al que le cuesta hacer más de cuatro pases seguidos, que tiene problemas para abastecer a sus delanteros y en el cual Vázquez es su único creativo.
Su modo de jugar en la derrota reafirma la incertidumbre que provoca la partida del “Mudo” cuando termine el torneo. Ricardo Zielinski, reconocido con un año más de contrato, austero en palabras y gambeteador de controversias, tendrá en su cómplice, el silencio, la vía para ayudar a que sus hombres hagan un vuelo distinto, pero lleguen igual a la meta.
Como buen entrenador, Zielinski sabe que Belgrano todavía tiene las estadísticas a favor y que deberá apoyarse en ellas para lograr lo que ya no sólo depende de él, sino de sus propios jugadores: mejorar la propuesta, y, por qué no, acercarse a Vélez, el actual campeón, el que desafía llevando el listón un poco más arriba.

