A veces, con dar lo mejor no alcanza
España confirmó en la cancha la superioridad que tenía en los papeles. La jerarquía de Rafael Nadal y el gran momento de David Ferrer terminaron por sepultar las ilusiones del equipo argentino, que sabía de antemano que la empresa iba a ser complicada.
España fue mejor porque dispuso de dos puntos casi asegurados con “Rafa” y redujo la estrategia argentina a vencer a Ferrer en sus dos puntos de individuales, y ganar el doble.
El dos español no iba a ser un hueso fácil de roer pero era, a la luz de los antecedentes, el punto más accesible de los singles locales. Cuando Del Potro perdió el viernes pasado ese punto, en cinco largos sets y 4h46m, la chance de conquistar la ensaladera comenzó a esfumarse por una doble razón: se perdió un punto clave, y dejó al argentino con un gran desgaste físico.
¿Qué faltó? Si bien esta fue la final más difícil de las tres jugadas en la última década, Argentina no estuvo tan lejos. Del Potro logró, por momentos, desorientar a Ferrer y a Nadal y generar esa sensación de que se podía torcer la historia.
Pero en estas finales hay que noquear, y “Delpo” no lo hizo. Nadie discute que dio lo mejor, pero le faltó esa cuota de contundencia para quebrar al rival.
De hecho estuvo más acertado ayer ante Nadal (por los quilates del rival), que el viernes ante Ferrer. Del doble Nalbandian-Schwank no hace falta hablar: fue contundente, sólido y abrió la esperanza. Pero a veces no alcanza con darlo todo. Ganar exige más que eso.

