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River, Boca... el exitismo es un pésimo consejero

Hay que andar con pie de plomo en el fútbol argentino. El presente y el pasado suelen confundirse.

08 de septiembre de 2014 a las 12:49 p. m.
River, Boca... el exitismo es un pésimo consejero

Ni el River de Gallardo es la reencarnación de la Naranja Mecánica, ni el Boca de Arruabarrena ya solucionó todos los inconvenientes que arrastraba de la era Bianchi.

Tampoco el Racing de Cocca es ahora un desastre total ni el Independiente de Almirón alcanzó la panacea, ni el San Lorenzo de Bauza se olvidó de jugar al fútbol luego de ganar la Copa Libertadores.

Ni al Belgrano de Zielinski que perdió con Estudiantes hay que tirarlo a la basura o al que goleó a Rafaela hay que hacerle un monolito.

¿Más? Sí, obvio. La selección de Martino tuvo un buen debut, dio señales positivas en la presentación del “Tata”, pero de ahí a que haya sido una luz en la goleada amistosa sobre Alemania hay una enorme diferencia.

Hay un exitismo desmesurado en el fútbol argentino, una exageración total quizá obligada por la necesidad de dejarse impresionar por algo que trascienda lo que se ve en las canchas.

El juego se contagia de los condicionamientos que acarrea la deshilachada realidad futbolística nacional (la desorganización, los torneos inentendibles, un mercado exportador, la problemática eco­nómica de los clubes y tantos otros problemas) y está lejos de encandilar por sí mismo. Entonces aparecen los elogios fáciles o las críticas impiadosas, sin posiciones intermedias.

Habrá que ver qué pasa con este River de Gallardo, que es cierto que insinúa un camino más que interesante, pero que transcurridas recién sólo seis fechas del campeonato de Primera tiene aún un largo camino para confirmar los buenos síntomas.

Eso es para evitar definiciones lapidarias que luego exigen arrepentimientos urgentes. Porque, por ejemplo, Racing gastó millones y armó un interesante plantel, pero cómo será que eso poco asegura que ahora quienes afirmaron que pelearía el título buscan dónde esconderse.

De hecho, a Cocca lo miran de reojo en Avellaneda. Los ejemplos se multiplican en todas las categorías. Por eso, más que nunca, algo de equilibrio es el mejor consejo para este momento.