La fuerza interior de este Instituto
Lo que hizo la Glroia, su DT y su plantel, hasta el momento suena a hazaña. Merece todas las felicitaciones.
Hay que sacarse el sombrero ante lo que acaba de lograr el plantel de Instituto con Héctor Rivoira como entrenador. Se necesita tener mucho fuego interior, bastantes convicciones y una inigualable cuota de hambre de gloria para competir en las condiciones que lo hizo este grupo de futbolistas que hoy representan al gran club de Alta Córdoba.
Inmerso en una de las peores crisis de su historia –con el pedido de convocatoria de acreedores como una posibilidad de salida, con una dirigencia que hace malabarismos para mantener la entidad en funcionamiento y con deudas salariales en todos los niveles–, Rivoira asumió en mayo en un contexto en el cual se hablaba más de mantener la categoría que de soñar con la Primera División. Y no era para menos, porque el equipo estaba penúltimo y jugaba condicionado por las dudas y la falta de horizonte. La llegada del "Chulo" recargó de confianza a los jugadores, que a partir de ese momento parecieron otros y se sobrepusieron a todos los obstáculos, dentro (hubo muchos) y fuera (fueron más todavía) del campo de juego. Por eso, con todo el derecho a ilusionarse con el ascenso que puede estar a cuatro partidos, lo que hizo Instituto, su DT y su plantel, hasta el momento suena a hazaña y merece todas las felicitaciones.

