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De espalda a la gente, la selección argentina debe reconciliarse

14 de noviembre de 2016 a las 01:00 p. m.
De espalda a la gente, la selección argentina debe reconciliarse
Argentina debe recuperar la confianza.

Sábado 8 de julio de 2006. Alemania es una sola fiesta, que tiene su epicentro en la Puerta de Brandeburgo, en Berlín, donde más de un millón de germanos celebran que su selección quedó tercera en el Mundial. Sí, el local, humillado por Italia (al día siguiente se coronaría campeón ante Francia) en la semifinal jugada en Dortmund, recibía una muestra de cariño similar a la que hubiera tenido si se quedaba con la Copa. Le había ganado 3-1 a Portugal en Stuttgart y ese millón de personas ni pensaba moverse hasta que sus “héroes”, que, vale repetir, habían sido terceros en un campeonato en el cual aspiraban al título, no devoraran esos 600 kilómetros de felicidad y llegaran a celebrar con ellos.

En Argentina, una celebración multitudinaria por una tercera posición en fútbol es difícil de imaginar. El exitismo, en combinación con una presión construida más en supuestos, pretenciones y antecedentes que en realidades, conspira contra esa hipótesis. La selección viene de ser subcampeona en el Mundial 2014 y en las copas América 2015 y 2016, pero ni así logró confianza como para soportar situaciones tan adversas como las que atraviesa.

“Un poco más de paciencia”, les pidió Lionel Messi a los hinchas que mañana estarán en el Bicentenario de San Juan para alentar al equipo frente a Colombia. “A mí no me tocó estar (en Córdoba contra Paraguay), pero lo vi por la tele y se notaba que los hinchas al mínimo error nos insultaban, nos puteaban. Y eso no ayuda. Hay que estar más unidos que nunca, porque todos queremos estar en el Mundial. Nosotros más que nadie. Pero cuando entrás en esta dinámica negativa y el entorno no acompaña, se nota, se siente”, amplió el capitán argentino.

Es cierto que este plantel argentino sufre tolerancia cero. Pero también lo es que poco y nada hace para acercarse a la gente, más allá de sus déficits de juego y de alma. Cuando llegó a Córdoba para enfrentar a los paraguayos, la actitud de los jugadores fue muy distante, indiferente a la recepción que les hicieron en Salsipuedes, que vivía un hecho histórico. Y tras la caída, se fueron sin el mínimo gesto de agradecimiento. Ayer, le tocó al técnico Bauza poner la cara ante el silencio de los jugadores. Tiene razón “Leo” cuando pide unidad, pero los futbolistas deben dar el primer paso hacia la reconciliación. En San Juan tienen otra chance. Desde hoy se verá si se ponen de frente o siguen de espalda.

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