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El tiempo de la paciencia

05 de junio de 2012 a las 09:43 a. m.
El tiempo de la paciencia

Es inevitable usar tiempos prolongados para reiterar lo que nunca se acaba: el elogio a Lionel Messi. Es asombroso su nivel de rendimiento, acostumbrado a proezas que a otros les lleva la vida alcanzarlas.Messi asombra con sus dotes extraordinarios; tiene razón Jorge Valdano cuando dice que "la Pulga" corre más rápido cuando lleva la pelota que sin ella. Quien ha jugado al fútbol en cualquier nivel sabe que eso es casi imposible de conseguir.

Entregados a sus fantasías pocas veces vista, los argentinos parecen haberle abierto la puerta hacia la aceptación definitiva.Alejado ya del eje de discusión, la pregunta lo rodea pero no lo apunta.

¿En qué contexto juega el rosarino? ¿La selección argentina, además de potenciarse con su figura, desprende virtudes colectivas como para ser confiable en toda su estructura?

Messi, en estado de gracia permanente, estuvo rodeado ante Ecuador por Sergio Agüero, Gonzalo Higuaín y Ángel Di María, jugadores con una enorme capacidad de desequilibrio, aptos por ellos mismos para generar goles y por supuesto, para concretarlos.

Alejandro Sabella bien puede presumir de tener en el ataque a jugadores jóvenes pero con la máxima calificación en experiencia internacional y en calidad competitiva. Desde Messi hasta Di María han ganado algún torneo nacional o internacional en esta temporada y en otras. En ese sentido, el entrenador puede descansar tranquilo.

La otra cara de la selección, en cambio, genera preocupación. Con un ataque tibio, Ecuador le produjo sobresaltos a una defensa que a pesar de los cambios de nombres y de cantidad de integrantes no transmitió solidez y, en consecuencia, seguridad.

No escapa a esa endeblez la etapa de distensión que todo el equipo manifestó después del gol de Messi. Ya con el 3 a 0 el partido hizo inútil cualquier exigencia desde la perspectiva del resultado y de su funcionamiento.

Pero aun atendiendo esa coyuntura, Federico Fernández, Ezequiel Garay, Clemente Rodríguez o Pablo Zabaleta, además de Fernando Gago y Javier Mascherano, repitieron en su conjunto lo que Argentina ha venido ofreciendo desde más allá de las conducciones de Diego Maradona y Sergio Batista.

En retroceso o esperando al rival en su territorio, la imagen defensiva de Argentina se agrieta sin que medie un gran esfuerzo del adversario. Y esta percepción no tan fina de un equipo que cuando avanza es una cosa y cuando retrocede o se defiende es otra ha trascendido el nombre de los circunstanciales jugadores convocados.

Ya lo dijo el entrenador alemán Joachim Low, luego del estruendoso 4 a 0 que dejó a Argentina en la banquina en el mundial de Sudáfrica. Low reconoció que al estudiar el comportamiento del equipo de Maradona sus delanteros regresaban caminando después de cada ataque y que esa anarquía, extendida a distintos sectores del campo, le había valido la contundente derrota ante el ordenado equipo alemán.

Resabios de aquella época se notaron el sábado a la noche en el Monumental de Núñez. ¿Sabella podrá amalgamar un bloque de grandes estrellas de goleo permanente con otro grupo de menos nivel, de menor experiencia y de mucho menos tiempo de integración, salvo Javier Mascherano? ¿Hará Sabella con Messi lo que su mentor, Carlos Bilardo, logró con Maradona en México?

Pelé brilló en tres ediciones de Brasil; Cruyff pudo hacerlo aun con el frustrado Holanda; Maradona con Argentina; Zidane con Francia. A jugadores distintos deben corresponderles, por lo menos, buenos equipos. Ellos después deben encargarse de hacerlos grandes. Messi lo está cumpliendo. A Argentina hay que darle tiempo.