Sublevación apache
A juzgar por el nivel de indignación contra su persona en Inglaterra, a lo que se suma la aplicación de una suspensión provisoria, una multa sideral, y un pedido para prohibirle jugar al fútbol hasta el final de sus días, hoy no está claro si Carlos Tevez desobedeció la orden del DT Roberto Mancini, de ingresar en el segundo tiempo contra el Bayern Múnich, o si intentó estrangular al entrenador.Precisamente el sorprendente pedido del vicepresidente de la Fifa, el norirlandés Jim Boyce, de sancionarlo de por vida fue lo que llevó a investigar en detalle qué fue lo que realmente hizo Tevez en el partido de la Liga de Campeones.
"Las imágenes indican que aparentemente Tevez desoye la indicación de ingresar a la cancha, pero bajo ninguna circunstancia se advierte algún intento de terminar con la vida Mancini", aseguró un especialista de la BBC, dejando aun más en evidencia el desproporcionado pedido de Boyce.
La pregunta entonces es por qué tanta virulencia contra Tevez por un malentendido idiomático, que tiene puntos en común con el de Ratín en el Mundial ’66, en el recordado partido con Inglaterra.
Según el exaltado Boyce, si la sanción no es ejemplificadora no hay garantías de que otros jugadores no hagan lo mismo la próxima semana, lo que revela la magnitud del escalofrío que recorrió la espalda de algunos dirigentes de la Fifa: qué puede llegar a pasar con el fútbol si se desata una rebelión de jugadores suplentes y comienzan a negarse a ingresar a los partidos cuando sus técnicos se lo ordenan.
"Lo último que nos podría pasar es que Tevez se convierta en el Espartaco de los jugadores suplentes, sobre todo si tenemos en cuenta los dolores de cabeza que este personaje generó en la antigua Roma", se sinceró un afligido vocero de Zurich.
Según es especialista mejicano, José de Chanfle, un amotinamiento generalizado de suplentes derivaría en una situación sin precedentes y el fútbol tal cual hoy lo conocemos, cambiaría radicalmente.
“Los 11 jugadores de las formaciones iniciales entrarían a la cancha mentalizados en terminar los partidos, debido a que sus posibles sustituciones dependerían del humor, la predisposición o de cómo se levantaron ese día los que están sentados en los bancos”, aseguró el estudioso.
Además se les generaría una preocupación extra a los técnicos: la incertidumbre de poder contar con los jugadores de relevo, lo que los obligaría a sacrificar calidad por lealtad.
Rebelión suplenteLas razones por las que un suplente puede negarse a entrar son muchas. "Hay jugadores que le encuentran el gustito a hacer banco y les fastidia entrar a jugar, sobre todo cuando llueve y la cancha está llena de barro. Y ni hablar si cae nieve y hace 30 grados bajo cero como en el fútbol ruso", señala Carlos Butacca, recordado volante de Quilmes, con una dilatada trayectoria de 20 años como suplente en el fútbol argentino y en el exterior.
"Hice banco en todas las divisiones inferiores de Quilmes, y a poco de debutar como relevo de la primera, me vieron condiciones para ser suplente en Independiente. Después se me dio la oportunidad de ir a Europa porque necesitaban completar el banco de Paris Saint-Germain. Me retiré como suplente de Locomotiv", recuerda Butacca, quien asegura conocer todos los secretos del puesto, como llevar el diario para poner en el asiento en épocas invernales.
Precisamente, Butacca asegura que una de las razones que más irrita a los suplentes es la denominación "jugadores de refresco", ya que sienten que se los compara con jarras de limonada.
Actores de reparto del fútbol, tan sensibles como imprescindibles, hoy el mundo presta atención a la problemática de los jugadores suplentes, y todo gracias a una rebelión apache.

