La selección y Messi: te amo, te odio, dame más
Argentina vive yendo de la euforia a la depresión, y viceversa. ¿Podrá Sabella, en estos meses, armar realmente un equipo?
De la euforia a la depresión, y viceversa. No hay margen para estados de ánimo intermedios a la hora de analizar el trajín del seleccionado argentino hacia el Mundial de Brasil 2014.
Otro tanto sucede con Lionel Messi, defenestrado e idolatrado al compás de los resultados.
En realidad, no hubo ni tanto ni tan poco entre el 4-1 a Chile y el 2-1 a Colombia, pasando por el 0-1 con Venezuela y el 1-1 ante Bolivia. Pero aquí el exitismo siempre gana por goleada. Alguna vez lo definió muy bien Alfio Basile, con su particular filosofía de café: "Si ganás, sos Gardel; si perdés, sos una mierda". Tal cual.
Más allá de la cosecha, que hasta el 2 de junio de 2012 mostrará al elenco albiceleste segundo en la tabla de posiciones, el desafío de Alejandro Sabella sigue siendo el mismo del momento en que asumió como DT: sobreponerse a la tentación de poder elegir a tantos muy buenos jugadores para armar un equipo y dotarlo de identidad.
Tendrá siete meses para hacer los retoques necesarios, sin la presión de la competencia, cuyos vaivenes hasta ahora forzaron sus mejores decisiones. ¿Era necesario exponer a tal extremo la decadencia de Demichelis para empezar a forjar un “2” de selección? Otra: el propio DT admitió que si el 0-0 se sostenía hasta el descanso en Barranquilla, Agüero iba a seguir mirando el partido con los suplentes.
La evidencia de un momento confuso es la reaparición de la antinomia Menotti-Bilardo. "¡Qué me va a gustar esta selección! Es más de lo mismo: un equipo timorato y con un montón de miedos", dijo "el Flaco", y "el Narigón" retrucó cotejando pergaminos y descartando para siempre la chance de un café.
Por si fuera poco, también habló Maradona: "A la selección ni la veo. Mientras estén Bilardo y el hijo de Grondona, no tenemos futuro". ¿Quién da más?

