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Relajarse provoca malos sueños

13 de marzo de 2012 a las 10:26 a. m.
Relajarse provoca malos sueños

Allá por el segundo semestre del año pasado, ocurría lo de siempre. Siempre hay una sorpresa: elogios para Atlético de Rafaela, inesperado líder del Torneo Apertura, equipo austero y efectivo, criado en el campo de las prevenciones económicas, bien alimentado por las enseñanzas de la disciplina y la transpiración.En ese entonces era dirigido por Carlos Trullet, quien también recibía alabanzas por mimetizarse bien entre las precariedades de un club del interior del interior y por sacar a escena a jugadores que se adaptaron correctamente a las alturas de una discreta primera división.

Desde ayer, Trullet es un técnico desocupado, que en la tranquilidad de su casa empezará a buscar las causas que le expliquen cómo la volatilidad de los resultados lo trasladaron, en cuatro semanas, a mucho más allá de su condición de trabajador.

Trullet se fue porque los 30 puntos que suma hoy Atlético no alcanzan para pagar más que una reválida de categoría. Sus días pasan por acompañar al asustado San Lorenzo con el mismo porcentaje (1,250), muy cerquita del amenazante Tigre (1,220), que en sólo cinco fechas del Clausura se las ha rebuscado para ser el líder del torneo con 13 puntos y, sobre todo, para descontarle seis unidades al equipo de Boedo en la puja por evitar el descenso.

Para ampliar el contexto, es imprescindible agregar que, además de Atlético con 30 puntos, se ubican un poco más arriba Unión, con 31, y San Martín de San Juan, con 33.

El aporte es antojadizo: son números que corresponden a los equipos que han ascendido esta temporada a Primera División, a los que hay que agregar a Belgrano, que acumula 38 unidades, una docena menos que su famoso objetivo de los 50 porotos.

El golpe de vista insinúa tranquilidad en Alberdi. Las estadísticas hasta ahora lo acompañan. En el cortísimo plazo no debería sacar cálculos finos al no verse sometido a presiones asfixiantes.

Pero la derrota ante San Lorenzo bien puede tomarse como un llamado de atención. Lejos de su espíritu aguerrido, a veces inmovilizador, acostumbrado a torcer brazos rivales y a edificar actuaciones sólidas, Belgrano expuso el sábado a la noche la versión más “flu” de la temporada, según el particular diccionario del doctor Carlos Salvador Bilardo.

Quieto, demasiado tranquilo, refugiado en la comodidad de su repetida y muchas veces exitosa estrategia, se dejó llevar por la vorágine de un limitadísimo rival, que en los primeros 20 minutos del partido estaba más para llevarse una goleada que para insinuar su resurrección final.

En ese encuentro, por primera vez, Belgrano delegó en un adversario la condición y la imagen de equipo necesitado. Le cedió los menesteres de la lucha y el clamor a un equipo que fue grande, que está pagando el precio a tiempos de dispendio, y que ha debido modificar su figura porque ya no le quedan armas para hacer otra cosa.

Sin ocultar pretensiones aún más elevadas (los 19 puntos del Clausura son muy pocos para trazar un objetivo final), el cambio no debe hacerse esperar. Ya sucedió después de las grises presentaciones ante All Boys y Olimpo. Revitalizado ante Unión y mucho más ante Newell’s Old Boys, Belgrano volvió al rumbo seguro y prudente. Lo exige la experiencia de un certamen muy parejo, pero no por eso, impredecible.