Hay derrotas que no duelen tanto
Entre tantos inventos que vieron la luz en los últimos años (algunos útiles, otros no tantos), falta uno: el "amargómetro". Serviría para detectar el estado de ánimo de los hinchas de fútbol de los equipos argentinos luego de las derrotas. Es que hay caídas que duelen mucho y dejan heridas difíciles de cerrar; otras que marcan cicatrices apenas visibles; y algunas que no dejan ni marcas ni magullones.Habría que alimentar el "amargómetro" con una combinación de elementos para obtener el resultado final. Presente futbolístico, ubicación en la tabla de posiciones, logros recientes, distancia con los equipos de arriba y situación con el descenso. Esa mezcla de factores determina el estado de ánimo de las derrotas en un plantel, en su cuerpo técnico, en su cuadro dirigencial y en la masa de hinchas.
No es lo mismo, por ejemplo, la derrota de Belgrano 0-1 ante All Boys, el sábado; que la que sufrió Racing en Nueva Italia (0-3 con Gimnasia y Tiro de Salta), el mismo día; o la que le propinaron a Instituto el viernes (2-3, en Alta Córdoba, con Nueva Chicago). No, no es lo mismo.
No se sufre de la misma manera perder de visitante cuando tu equipo está entreverado entre los cuatro primeros del principal campeonato del fútbol argentino (Belgrano), que caer cuando el club de tus amores está último en la tercera categoría (Racing) o penúltimo en la B Nacional (Instituto). No, no se sufre de la misma manera.
Belgrano, acostumbrado durante mucho tiempo a perder un partido y tomar la calculadora para saber cuántos puntos necesitaba para el milagro (mantener la categoría, por ejemplo), hoy camina por el fútbol argentino sabiendo que una derrota no tiene los ribetes dramáticos de otros tiempos.
Algo de eso le pasó el sábado en Floresta: perdió jugando mal, con un gol raro, confuso, que tuvo como protagonista a Juan Carlos Olave, el mismo arquero salvador de otras jornadas. Belgrano perdió, una verdad irrefutable, pero esta vez no dolió tanto.

