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Talleres-Belgrano, el clásico que debe dar el ejemplo

En los tiempos que corren, se analiza nuevamente la chance de prohibir la concurrencia para el público visitante. Y los cordobeses pueden dar hoy otra muestra de madurez como hinchas.

13 de marzo de 2013 a las 11:42 a. m.
Talleres-Belgrano, el clásico que debe dar el ejemplo

En tiempos en los que la violencia tiene diagnóstico, pero no hay remedios o quien quiera y acepte los riesgos de aplicarlos, la salida a escena de un Belgrano-Talleres le viene como anillo al dedo a sus protagonistas para ponerlo encima de la media de los partidos relevantes que pueden arrancar y terminar en paz. O que produzcan esa sensación que hoy no es ajena a muchos de esos partidos.

En las últimas ediciones del superclásico, el gran público (el genuino, el espontáneo, el que paga su entrada y el que soporta propuestas futbolísticas de escaso nivel o conformistas) se mantuvo al margen de las provocaciones de las barras con la exhibición de banderas o cantos xenófobos y de algunos protagonistas que hicieron señas desde la cancha.

Adentro de ella, habrá una nueva oportunidad para jugadores y entrenadores. El espectáculo que produzcan podrá resultar bueno, regular o malo, pero lo que no deben negociarse son los gestos de grandeza, de respeto. Hay que saber perder, pero también ganar.

“No es la vida ni la muerte de nadie”, como dijeron ayer los entrenadores de Talleres y Belgrano, Arnaldo Sialle y Ricardo Zielinski, respectivamente.

En los tiempos que corren, se analiza nuevamente la chance de prohibir la concurrencia para el público visitante. O lo que es lo mismo: dejar que una minoría haga que paguen justos por pecadores. Y lo que es peor, se tira la pelota lejos de donde hay que definir. Las internas de cada barra son cada vez más intrincadas y deparan cuestiones inverosímiles.

Están tan vinculados con los dirigentes de los clubes como con los políticos y los gremios. Dos temas: hay clubes que pagan a la barra oficial y también a la antagónica para que no vaya a la cancha.

Se tira la pelota afuera, mientras la autoridad policial se discute. Las imágenes de represión sobre hinchas y jugadores compiten con las de determinadas operativos en los que se ve a los hombres de azul coordinando el ingreso de los barras.

¿Qué habrá sentido el policía que no dejó entrar a Martín a la Bombonera en el superclásico al verlo dentro un rato después? Hoy se juega el clásico. Que sus protagonistas lo sigan distinguiendo.