¿Quién dijo que todo está perdido?
Sí, Martino en Barcelona. Se celebra la noticia. Se inicia otra historia para él. Afrontará la exigencia de cumplir sus objetivos de juego para poder ganar, le tomará el pulso a un vestuario donde los egos están a full y tendrá que meterse el Camp Nou en un bolsillo. En definitiva, todo eso que lo llevó a esa selección que es el club español.
Esa es una de las lecturas, la que se consume mundialmente. La otra, le compete directamente al fútbol argentino. Martino al Barsa actúa como un atenuante en un mercado degradado, el del fútbol argentino está claro, en el que la histeria de los resultados y de ganar a cualquier precio hace que dé lo mismo “un vendehumo” que un gran profesor.
“El Tata” en el Barsa hace que se grite bien fuerte “¿quién dijo que todo está perdido?”. Martino hizo el camino más difícil. Arrancó fuera de su casa ñulista, a la que volvió para darle una mano en el pináculo de su carrera para salvarlo del descenso siendo campeón.
Se arremangó en Brown, Platense e Instituto (su primera práctica fue con 11 jugadores y el debut sin poder utilizar a varios de los refuerzos porque el club estaba inhibido).
Enseñó, pero sin humillar. Al fin y al cabo, había sido de los más talentosos volantes que hubo en el fútbol, pero nunca hizo de eso una ostentación. Ahora, mirará a la cara a Iniesta y a Messi, como en su momento lo hizo con “el Bocha” Maldonado, al que le demostró que debía ser delantero y no enganche como él creía, además de mostrarle una carpeta llena de especificaciones sobre los movimientos de aquel talentoso jugador. Quizá en Barcelona le traigan a algún jugador que no pida, pero, como pasó con Sebastián Brusco en aquel gran Instituto, le dirá que si trabaja bien, estará en igualdad de condiciones.
Martino eligió instruirse, aprender de otros, de sus jugadores, de sus triunfos y de sus derrotas. Supo transmitir sus ideas desde la abundancia o desde la austeridad de los planteles que formó. Jugó lindo y a lo que pudo. No cortó camino con representantes, agentes de prensa o caminadores de la noche. No los necesitó. Dignificó su laburo y subió la moral de los DT que creen, como él, en valores casi perdidos. En merecer el presente. Por fin.

