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Messi es la historia misma

No te pierdas la columna de nuestro editor Joaquín Balbis tras el récord de "la Pulga".

10 de diciembre de 2012 a las 09:59 a. m.
Messi es la historia misma
Lionel Messi superó el récord que tenía el alemán Gerd Müller y con 86 tantos se convirtió en el máximo goleador de la historia en un año calendario (Foto. AP).

“Parece imposible lo que ha hecho Messi”. La definición es de Tito Vilanova, entrenador del Barcelona, quien dedicó parte de su conferencia de prensa posterior al triunfo de ayer de su equipo para hablar del récord de goles en un año calendario que rompió el crack argentino.

El técnico, que fue ayudante de campo de Pep Guardiola desde 2008 hasta esta temporada en que quedó al mando del equipo y que dirigió a “Leo” Messi en los Cadetes B del “Barsa” en 2001/02, habló de la historia misma. Porque eso es lo que escribe el rosarino minuto a minuto: páginas históricas del fútbol mundial.

Sólo un infortunio podía impedir que el argentino superara este año la marca del alemán Gerd Müller. Y los corazones se paralizaron el miércoles, cuando el arquero del Benfica lo golpeó y “el 10” cayó dolorido y se fue en camilla. La incertidumbre fue enorme hasta que los estudios demostraron que la lesión era un golpe.

El fútbol mundial suspiró aliviado y él, después de admitir el jueves que pensó que pasaría mucho tiempo antes de que pudiera volver a tocar una pelota, se repuso tan rápido como corre con la redonda a sus pies y quedó en condiciones para ayer intentar quebrar el bendito récord. Así es Messi. Parece que sorteará todos los obstáculos que le pongan en el camino. En la cancha pasa lo mismo. Lo marcan, lo persiguen, lo castigan, le pegan y él va y va, sin quejas, sin reclamos.

“Mi hijo sólo quiere jugar a la pelota. Con eso es feliz”. La confesión se la hacía Jorge Messi a los enviados de La Voz del Interior allá por 2006, cuando en pleno Mundial de Alemania su hijo desesperaba (pero nada decía en público) por más minutos en cancha en la selección mayor.

Por aquellos días, el seleccionador José Pekerman elegía a otros jugadores en lugar de “la Pulga”. Messi, que la deja chiquita desde chiquito, generaba que uno se paralizara viendo las maravillas que hacía en las prácticas de Argentina. Se intuía que rompería todas las barreras. Las que ahora caen una a una.