La violencia, flagelo eterno
La semana que había empezado con el terror y el horror instalado en Quilmes, donde la interna de la barra produjo una batalla campal con agresiones indignantes, terminó ayer con la tragedia de un hincha muerto en Mendoza por los incidentes tras la suspensión el viernes de Independiente-Instituto y hechos gravísimos luego del clásico platense entre Gimnasia y Estudiantes, donde hubo heridos y detenidos.
Fueron nuevos días lamentables para el fútbol argentino, que además por estas horas convive con informaciones referidas a cómo los violentos de siempre se preparan para viajar al Mundial de Brasil, un horizonte que presagia más luchas intestinas en las barrabravas, quienes siguen accionando bajo la impunidad y complicidad de dirigentes y círculos de poder mientras arman sus viajes al vecino país para replicar lo sucedido en Sudáfrica 2010, un privilegio que pocos hinchas de bien experimentarán. A esta altura está más que claro que la resistencia de quienes deben ser los responsables de controlar este flagelo es inexistente. Sin embargo, para la mayoría que aún sueña con un fútbol liberado de estos males la resignación es la peor consejera. Hay varios buenos ejemplos (Córdoba ya dio muestras) de que se puede controlar a los delincuentes.

