El lugar de los ídolos
Ha sido difícil para Talleres en los últimos años conciliar con sus ídolos. Salvo en el caso de Luis Galván (fijó lugar en el semillero, después de varias idas y venidas como bajarse de aquel Comité Asesor), todos están afuera.
Los de Javier Villarreal y Daniel Albornos han sido los más recientes y obligarán a un replanteo profundo. Por la desprolijidad de sus salidas y los objetivos para los que llegaron. La renuncia de “Villa” a su puesto en el semillero se dio antes de que el Fondo de Inversión determinara cómo lo sancionaba por decir que el arreglo de su contrato quizás hubiera postergado su retiro y porque afirmó que sabía qué hacer en este momento de crisis, algo que molestó al DT Forestello. Como el hecho de que cruzara mensajes con los jugadores.
Ahora bien, ¿cuál era el apuro de sumar a Villarreal al semillero apenas retirado? ¿Solamente por su chapa o porque se le veían aptitudes para ser DT o para gestionar desde ese lugar y se había capacitado para ello? El propio Daniel Albornos tuvo que arrancar en Deportivo Banfield antes de ir a Talleres. Pero paradójicamente, cuando se estaba formando con perspectivas de ser el DT del primer equipo albiazul, tuvo que irse. Renunció a la local porque le sacaron al pibe Fabio Álvarez previo a un partido decisivo en la Liga para ser número 19 en la B Nacional ante Huracán. Las disculpas no alcanzaron. Se equivocó como lo hizo Villarreal. Perdieron ellos, los que confiaron, los pibes y... Talleres. En un momento delicado, todos los estamentos (Fondo, plantel y DT, inferiores) se vieron obligados a tomar posición, cuando los esfuerzos principales deben estar orientados a lo que pasa en la cancha. Pasa en Talleres. Todavía.

