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El lamentable cóctel de nuestro fútbol

27 de agosto de 2012 a las 10:29 a. m.
El lamentable cóctel de nuestro fútbol
La guerra por la interna en la barra de Boca escribió ayer un nuevo capítulo (Foto: DyN).

Imaginar que un dirigente del fútbol argentino entrará mañana a la reunión del Comité Ejecutivo de la AFA, se plantará y dirá “muchachos, así no podemos seguir más”, lleva una gran carga de inocencia.

Difícil que eso ocurra si se consideran las penurias históricas que acarrea el deporte más popular del país y el grado de pleitesía que la mayoría de los directivos le rinde a Julio Humberto Grondona.

Es imposible pensar que alguien tendrá la suficiente cantidad de valor testicular para desplegar sobre la mesa la cantidad de hechos negativos que, no por repetidos, deben dejar de indignar.

En realidad, el fútbol argentino tiene casi todos los casilleros del mal cubiertos. La corrupción hecha realidad en la triangulación de los pases de los jugadores para evitar pagar más impuestos, que provocó la intervención de la Afip, y la violencia enquistada, que hace rato merece que el Estado la afronte con decisión, removieron en las últimas horas la eterna vergüenza. Ninguno de todos estos males es nuevo y, menos, desconocido para los responsables.

Muchas transferencias deberían estar hace rato bajo la lupa. Y los barras hacen lo que quieren y son una continua amenaza. Los únicos sorprendidos por lo sucedido el sábado con la barra de Boca deben haber sido los encargados de seguridad.

Las irregularidades en los pases y la violencia engendrada son parte de un lamentable cóctel que, entre otros ingredientes, contiene una desorganización inadmisible para una liga de elite, clubes quebrados que contratan sin control por cifras millonarias, selecciones juveniles a la deriva y hasta manchas por apuestas ilegales en partidos internacionales.

En el tema violencia ya poco queda por ver. Por ejemplo, en River mataron un hincha y sólo suspendieron una tribuna e inhabilitaron el estadio por 20 días, durante el receso.

En Boca los violentos mandan y la dirigencia responde con tibieza, como lo hizo la de Colón con la agresión a hinchas de Belgrano. Así no se puede seguir, ¿alguien se animará a plantear un cambio?