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Córdoba necesita cuidar sus clásicos

21 de enero de 2013 a las 09:43 a. m.
Córdoba necesita cuidar sus clásicos
Los hinchas de Belgrano tuvieron un cruce con la Policía cuando compraron sus populares (Foto: Javier Cortez).

El relator de Fox Sports repite por enésima vez que el clásico rosarino Rosario Central-Newell’s se suspendió debido a la maldita violencia y al instante pisa sus palabras con el aviso de que hoy en Córdoba se cruzan los dos más grandes de la provincia: Belgrano y Talleres.

Los clásicos se suceden sin descanso en el verano, respondiendo a la tentadora combinación que ofrecen pasión y negocio. Y hay que estar alerta. Hechos como los sucedidos ayer en Rosario o como los cantos discriminatorios de antenoche en el Boca-River de Mar del Plata son suficientes para recordarles a todos que estos partidos, más allá de que son parte de la agenda veraniega, conforman el menú del fútbol argentino, que desde hace mucho tiempo se habituó a convivir con estos males.

Por eso hay que estar con la guardia alta, para que los violentos que gozan de la impunidad de los poderosos cada vez impongan menos su miedo, mientras quienes piensan que este flagelo aún se puede combatir se esperanzan con que lleguen las sanciones.

“Esto habla muy mal de Rosario, yo me siento rosarino y pretendo otra cosa. Quiero que se jueguen los partidos con las dos hinchadas y sea un espectáculo”, había dicho Gerardo Martino, DT “leproso”, cuando hace 10 días se discutía si el clásico debía jugarse y cómo. Fue un preanuncio de lo que podía pasar.

“Como hombre de fútbol, siento pena, impotencia”, dijo Miguel Ángel Russo, DT “canalla”, ayer tras la vergüenza. Fue la confirmación de lo que pasó.

Córdoba está orgullosa de recuperar su plaza de verano y sus clásicos, polémica por la distribución de cachés al margen. Hoy, con todos sus titulares, Belgrano y Talleres jugarán ante más de 40 mil personas en el Kempes. El martes pasado, 23 mil hinchas vieron el 2-0 de la “T” sobre Instituto. Pero así como los recuperó, el fútbol cordobés los debe cuidar y enaltecer. Eso se logra entre todos. Rosario, que tantas veces admiramos desde acá, dio ayer otra muestra de cómo no hacer las cosas.