Bianchi, en Boca, con una espalda gigante
Cualquier otro entrenador de cualquier otro club de Argentina hubiera durado lo que un bebé en el río Amazonas infestado de pirañas si el club no fuera Boca y si el entrenador no fuera Carlos Bianchi. Este Bianchi cuyo equipo llevaba 12 partidos sin victorias y que logró romper la rara marca con el triunfo 1-0 al invicto y hasta ayer único líder del Torneo, Estudiantes de La Plata. Sí, en el extremista fútbol argentino, un entrenador está una docena de partidos sin triunfos, sus dirigentes le cortan la cabeza violando relaciones contractuales y abortando proyectos a largo plazo y todas esas cosas lindas que se dicen cuando se contrata a un nuevo entrenador.
No fue el caso de Boca ni de Bianchi, que ayer ingresó a la Bombonera y fue recibido por una conmovedora ovación de apoyo por una buena parte de los hinchas Xeneizes.
Bianchi, impecablemente vestido de traje azul, camisa blanca y corbata a rayas con los mismos colores, sonrió y levantó la mano izquierda en señal de agradecimiento ante el canto de los hinchas. “Vení, vení, cantá conmigo que un amigo vas a encontrar, que de la mano de Carlos Bianchi, todos la vuelta vamos a dar”. Además de las expresiones verbales, hubo banderas con leyendas como “la gloria no se mancha, Virrey te amamos” y “Bianchi no se toca”.
Claro, con semejantes números sobre su espalda, es muy difícil tocarlo a Bianchi. Repasemos. “El Virrey” consiguió nueve títulos dirigiendo al Xeneize, cuatro locales y cinco internacionales: torneos Apertura 1998, 1999 y 2003; Torneo Clausura, 2000; copas Libertadores 2000, 2001 y 2003 y las copas Intercontinental en 2000 y 2003.
Acostumbrados a ver saltar técnicos de sus bancos como si nada, la permanencia de Bianchi en su lugar es un hecho que no puede ni debe pasar inadvertido. Por mucho menos, otros entrenadores fueron despedidos y Bianchi, quizá por el propio peso de su historia, tenga para sobrevivir otras malas rachas. Mientras, su hinchada le banca todo.

