Se suman las incoherencias
El sábado, Huracán y River jugaron la final de Supercopa Argentina en San Juan. El domingo, Alianza de Moldes-Independiente lo hicieron en el Mario Kempes por la Copa Argentina y mañana, Sportivo Belgrano-Quilmes jugarán por el mismo torneo, pero en la cancha de Instituto. Los tres partidos tienen un dominador común: hinchas de los dos equipos en las tribunas. Un lujo, un espectáculo digno de apreciar. Cantos de ida y vuelta y algunas gastadas dentro de un marco colorido. El típico folclore del fútbol. Pero... la magia dura un puñado de minutos, como los finales de las películas de princesas.
¿Por qué? Muy sencillo, luego de este oasis, el próximo fin de semana todo vuelve a la normalidad con la ridícula prohibición de ingreso de hinchas visitantes en las principales categorías del fútbol argentino. Así, los hinchas de River no podrán ir a la Bombonera; los del Globito no viajarán a Rosario para jugar con Central; los del Rojo se quedarán en sus hogares para ver el partido con Banfield; lo mismo harán los de Quilmes en su partido con Arsenal; y los de Sportivo no podrán acompañar a su equipo en el complicado partido con Boca Unidos. Un mamarracho.