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No comparar nabos con papas

12 de mayo de 2015 a las 01:05 p. m.
No comparar nabos con papas

No hay una base sociológica que lo sustente, pero seguramente de realizarse un estudio científico determinará que en el ADN de los argentinos existe una capacidad genética imparable para comparar y cotejar lo que hacemos con lo que sucede en el resto del mundo. También, como muchos prefieren ver el vaso medio vacío, cuando relacionan lo hacen con países que, por distintas razones, están muy por encima de nuestro potencial.

En el fútbol es donde los argentinos somos más propensos a compulsar. Nos gusta comparar. Nos encanta. La semana pasada, Instituto visitó (y le ganó 2-0) a Juventud Unida de Gualeguaychú casi en simultáneo con la semifinal de la Liga de Campeones de Europa entre Barcelona y Bayer Munich. La comparación no se hizo esperar: la calidad de imagen, la clase de los jugadores, el estado del campo de juego, la convocatoria... Mal. Imposible comparar nabos con papas. Un día después, por los octavos de la Copa Libertadores, River recibió (y le ganó 1-0) a Boca. Otra vez, una orgía de comparaciones. Mal. Imposible comparar lechuga con acelga. 

En medio de tantos contrapuntos, se imaginan un fútbol con cada jugador en su país. Con Pastore en Talleres; con "el Mudo" Vásquez y Matías Suárez en la "B"; con Dybala en Alta Córdoba; con Messi al lado de "Maxi" Rodríguez en Newell's o "el Kun" Agüero junto a Mancuello en el Rojo. O, al revés, imaginan un Barcelona-Bayer sin los extranjeros Ter Stegen, Dani Alves, Mascherano, Messi, Neymar, Suárez, Rakitic, Rafinha, Benatia, Bernat, Alonso, Lewandowski o Thiago. Sería un partido más. Uno de los tantos que vemos en nuestro querido fútbol argentino.

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