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Juegos Olímpicos: época en la que alentamos a todos

Duerante los Juegos nos ponemos la camiseta de todos los deportistas argentinos.

01 de agosto de 2016 a las 10:34 a. m.
Juegos Olímpicos: época en la que alentamos a todos
Hinchas de todo el mundo vivne los Juegos con clima de fiesta. (AP)

Quedan pocas horas para el inicio de los Juegos Olímpicos de Río 2016, donde cerca de 11 mil deportistas, representando a 206 Comité Olímpicos, buscarán la gloria de las medallas en sus tres colores. Pero un Juego Olímpico representa más que el triunfo y el podio.

Para muchos de estos atletas, el sólo hecho de estar en la competencia ya es un logro. Llegar ya es un premio al sacrificio que deben hacer muchos deportistas para estar ahí, en la cita más importante del deporte que cada cuatro años reúne en un solo lugar a las megas estrellas de casi todas las disciplinas deportivas; a los que están asomando al gran mundo y buscan opacar a los consagrados; y los que vivirán por primera vez la experiencia mágica de estar en unos Juegos Olímpicos.

Desde la Ceremonia inaugural hasta la de Clausura, los Juegos son atractivos por donde se lo miren, incluso aquellas disciplinas menos reconocidas o menos practicadas, son seguidas por muchos televidentes sólo por el hecho de que es un Juego Olímpico.

Quién no pasó de largo algún torneo de yudo, tiro, taekwondo o levantamiento de pesas, por nombrar sólo a algunos de los deportes menos difundidos, mientras hacía zapping buscando algo interesante. Eso no sucede durante la cita Olímpica.

Todo nos interesa. Todo nos importa y si hay una camiseta celeste y blanca en la pantalla mejor.

Es la época en la que el país se convierte en una inmensa cancha y los televidentes en expertos de los deportes menos imaginados.

Pero alentamos. Alentamos al que se clasificó de última; al que tuvo que pedir plata para ir a algún clasificatorio; el que postergó cosas personales para poder estar en un preolímpico; el que fue a entrenar durante años en colectivo y algunas veces en predios que no están preparados para la alta competencia.

Alentamos a todos. A los que no conocemos y a los consagrados, a los que les ponemos algunas fichas en la lucha por conseguir una medalla. Y nos duele ver el medallero cuando los podios empiezan a llegar y Argentina no figura o aparece lejos de las grandes potencias, que hacen del deporte una cuestión de Estado.

Pasa casi siempre, salvo honrosas excepciones, cuando en equipo o individualmente, pasamos las fronteras de nuestro país.

Nos cuesta aceptar que no somos los mejores y que en muchos casos estamos muy lejos de serlo. Nos cuesta entender que haya países que se preparan más y mejor para llegar bien afilados a los Juegos.

Nos cuesta ver, ya como cordobeses, que esta ciudad no tenga una pista de solado sintético en condiciones y que muchos atletas se tengan que entrenarse en lugares inadecuados o sin los recursos necesarios.

Nos cuesta todo, pero ahí estamos para hacerle el aguante a cuanto deportista argentino aparezca en la televisión. Son nuestros representates en el magno evento. Y, les vaya bien, muy bien, mal o muy mal, pondrán en juego nada menos que su dignidad y la defensa de los colores.

De eso se trata, de vivir intensamente e impregnarse del espíritu olímpico. Si ganan una medalla mejor. Si no lo logran por lo menos lo habrán intentado. Al fin y al cabo ya son parte de la histora. Y eso tampoco es poco.