Calles teñidas de pasión futbolera
Algo debe estar pasando en Córdoba para que sus callecitas, cada vez más seguido, se tiñan de colores. De colores futboleros con esa inconfundible paleta de tonalidades que aportan las pasiones. Algo pasa y en Córdoba se siente.
La semana pasada, en la lejana Formosa, Talleres lograba salir del infierno del Federal A y ascender a la B Nacional, una categoría de la que muchos hinchas reniegan pero que siempre resultará mejor que en la que estuvo jugando durante seis temporadas (cinco largas y una de transición, en 2014). Allá, en la hermosa Formosa, cerca de cinco mil hinchas acompañaron el ascenso, pero en Córdoba, donde algo está pasando, se multiplicaron por miles en el centro y en los barrios, levantando estandartes azules y blancos y mostrando que siempre estarán presentes, más allá de la categoría.
Más acá en el tiempo, el sábado, en el muy cercano Mario Alberto Kempes, 30 mil personas le hicieron el aguante a Belgrano en una jornada gris y lluviosa en la que el Pirata se jugaba la posibilidad de acercarse a la liguilla pre-Libertadores, la tercera de su historia. El triunfo 2-1 sobre Estudiantes (rival directo en esa porfía) calentó el regreso a casa de cada uno de los piratas que empaparon sus banderas de lluvia... y de alegría.
El domingo, en la no tan lejana Bombonera, Boca se consagraba campeón del fútbol doméstico con una fecha de anticipación. Córdoba, otra vez, se teñía con los colores de la pasión y las banderas (en este caso azul y oro) formaban un cuadro bicromático digno de una gran pintura que bajaba desde los edificios de Nueva Córdoba y se desparramaba por las arterias dándole vida a una ciudad que se apagaba con las últimas horas del domingo y las primeras del lunes.
Este miércoles, algo volverá a pasar. En el Kempes jugarán la final de la Copa Argentina Boca y Central. Al final del partido, cerca de las 23, las calles cordobesas volverán a teñirse de festejo y el fútbol seguirá latiendo en cada corazón apasionado.
