Peregrinos hacia destinos tentadores
Los futbolistas peregrinos están más ágiles y dinámicos que nunca. Producen migraciones increíbles desde lugares seguros y en los que lucen amparados hasta páramos en los que un cartel promete una epopeya y 100 milagros más.Al grano: ¿Por qué se fueron casi todos los jugadores de Instituto a otros clubes? ¿Qué de más le habrán ofrecido de lo que pudo haberles ofertado el club de Alta Córdoba? ¿Cómo pueden dejar el cobijo de un cuerpo técnico del que saben que puede potenciar un equipo en formación y transformarlo en un buen auto de carrera como ocurrió con el de la temporada pasada? ¿Por qué dejan un lugar seguro y en el que están consolidados por otro en el que deben volver a mostrar sus trajes de gala para ofrecer de nuevo todo su repertorio?
Parece haber de todo un poco en estos vuelos anuales. Los futbolistas, jóvenes al fin, ofrecen la temeraria actitud de apostar fuerte para mejorar su destino. ¿O acaso “el Sapito” Encina, por citar un ejemplo, no luciría mejor contenido en Alta Córdoba que en Rosario al menos en una etapa de adaptación?
Se agrega a esto, y como efecto de la “Ley Bosman”, que los clubes ya no cobran dinero por un traspaso cuando termina el contrato de sus futbolistas. Como extensión de esto, también se puede preguntar: ¿No hubo un esfuerzo importante de Instituto para retener a la mayoría de los futbolistas que cumplieron una muy buena campaña en la temporada anterior?
La sensación es que Darío Franco deberá ingresar de nuevo al laboratorio para dedicarle mucho tiempo al armado de un equipo en el que podría quedar sólo un jugador (Damiani) del que pisó el umbral del ascenso.La contracara de la Gloria es Talleres, que plantea un universo lleno de tentaciones a los futbolistas que saltan cualquier charco y llegan a la Tierra Prometida en barrio Jardín. La propuesta es atractiva: un ascenso muy ansiado, una estructura que acomoda su cuerpo a esa exigencia; una camiseta en su momento tan brillante como prestigiosa; 20 mil personas de promedio en las tribunas y aliento sin fin; y una plaqueta en las paredes de la Boutique "en caso de lograr el objetivo". Por eso llegaron 12 jugadores que podrían ser 14, y que serán muchos más si Talleres sigue sin volver a la segunda categoría del fútbol argentino.
El hincha, a esto, lo mira con asombro y con algo de enojo. Clubes quebrados, administraciones sospechadas, anuncios de control de la AFA incumplidos, son el menú que ofrece un gran porcentaje de las instituciones deportivas. Pero la receta se repite y parece acentuarse con los años. ¿De dónde sacará plata Independiente para conseguir refuerzos cuando debe 300 (¡sí, 300!) millones de pesos? ¿Qué hará San Lorenzo al renunciar Tinelli a su mecenazgo? ¿Y River Plate? ¿Y Gimnasia y Esgrima de La Plata? ¿Y Huracán de Parque Patricios? En el medio está Belgrano, que aseguró la base de su plantel y apostará como apuestan todos.
Entre clubes necesitados de títulos y futbolistas ambiciosos se derrumba, inevitablemente, la identificación del futbolista con el equipo. Ya hay pocos casos de fidelidad a la divisa. Por eso a los equipos hay que aprenderlos de memoria de nuevo y a los futbolistas hay que mirarles la cara varias veces para identificarlos como corresponde. De todo esto se puede apuntar como síntesis que en el fútbol hay cada vez menos “Quijotes” para luchar contra las leyes del mercado. Y lo más lamentable es que parece no haber retorno.

