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Pasto de las fieras

El estado del Kempes ha generado una polémica que hasta implica nuevos términos para la jerga futbolera.

24 de marzo de 2016 a las 02:43 p. m.
Pasto de las fieras

En España hicieron ruido cuando algunos titulares anunciaron que Lionel Messi y Javier Mascherano iban jugar en un "patatal" y en varios puntos de Europa donde militan jugadores del seleccionado empezaron a preguntarse qué aspecto exótico encerraba esta nueva incursión latinoamericana de sus figuras, que supuestamente enfrentarían a Bolivia en una plantación de tubérculos seguramente para conseguir algún tipo de ventaja deportiva sobre los bolivianos.

El escenario receptor de semejante apelativo no era el estadio de Crucero del Norte, conocido como el Lechugal por su compacta trama de césped de 25 centímetros de espesor compuesta de grama bahiana, tréboles, oreja de ratón y plantines de lechuga mantecosa, sino el mismísimo estadio Kempes, el más imponente del interior del país y orgullo de Córdoba.

Es que lamentablemente, el escenario mundialista había sido rastrillado y apisonado con fervor por los seguidores de Maná primero y de Iron Maiden después (algunos de estos últimos calzando botas y arrastrando cadenas, pesadas barretas, mancuernas de hierro fundido y otros objetos que los identificaban con el heavy metal).

Las consecuencias sobre el campo de juego fueron devastadoras.

"Es como si una gigantesca nave nodriza extraterrestre se hubiera posado sobre la cancha", graficó un veterano periodista interesado en la temática de los ovnis y fanático consumidor del programa Alienígenas Ancestrales.

“Es como si hubiera acampado Atila, el Rey del Hunos, de quien se decía que por donde pasaba su caballo no volvía a crecer la hierba”, agregó otro más inclinado a la programación de History Channel.

Más fantasiosos, otros testimonios hablaban de que la situación del pasto se había agravado por el accionar de un grillo topo mutante de hábitos nocturnos y del “tamaño de un novillo”.

El clásico Talleres-Instituto marcó a las claras que la cosa venía complicada, pero en el partido Belgrano-Vélez se jugó sobre tanta arena que parecía una versión de fútbol en las dunas.

“Mi marido se puso a ver el partido y la alfombra del living quedó a la miseria por la cantidad de arena que saltaba del televisor”, denunció una ama de casa visiblemente fastidiada por haber tenido que aspirar la moqueta en la tarde del sábado.

¿Y Bolivia?Como para agregarle más contratiempos al partido, la selección boliviana amenazó con no presentarse a jugar.

Oficialmente se habló de un problema gremial del fútbol profesional boliviano, pero un rumor aseguró que había temor entre los jugadores a ser tragados por zonas de arenas movedizas en algunos sectores del campo del Kempes.

“Es una clara búsqueda de ventaja deportiva porque normalmente las arenas movedizas se engullen de manera imperceptible a los jugadores visitantes y el equipo local, conocedor del terreno, saca provecho de ese repentina superioridad numérica”, explicó un allegado del seleccionado altiplánico, quien además se preocupó por el destino del jugador deglutido por el terreno ya que podría ser tomado “como rehén por grillos topos o cualquier otra especie de las profundidades”.

La polémica por el piso del Kempes está firmemente instalada y divide a quienes aseguran que estará en condiciones y los que dicen que seguirá pésimo, y los que sostienen que habría que terminar de cubrirlo de arena para que los seleccionados entrenen de cara al Mundial de Qatar.

Más allá de las eternas discusiones y las apuestas, con la asistencia de expertos de la AFA comenzó la recuperación del verde que se fue. Bajo la consigna “donde hubo pasto gramilla queda”, gigantescas champas de crecimiento rápido potenciadas con hormonas (crecen cinco centímetros por día) de los viveros afistas fueron traídas de urgencia a Córdoba para ser colocadas sobre lo que antes era un arenero, cambiando radicalmente su fisonomía.

Para favorecer la recuperación, desde la Agencia Córdoba Deportes prohibieron también la presencia de fotógrafos, una medida que llamó la atención pero que tiene su lógica.

“Es como cuando nuestras madres hacían mayonesa casera y nos prohibían mirarla porque se cortaba. Acá es igual, ponemos las champas pero si las fotografían las pueden ‘ojear’ y no crecen y se va todo al traste”, explicó un responsable del operativo.

Además explicó que como a toda planta, al pasto hay que hablarlo para quitarle estrés y crear una relación que facilite y acelere su crecimiento y si hay terceros deambulando se dificulta este canal de comunicación.

“En este momento hay un equipo que se encargar de contarle cuentos infantiles a las champas”, agregó la fuente.

De esta forma, entre polémicas, discusiones, enojos y mitos, el piso del Kempes lucha por recuperar el esplendor apisonado esperando que sus padecimientos terminen.

Escalada uruguaya-chilenaLos uruguayos no se olvidan de la afrenta a su orgullo sufrida en la Copa América de Chile durante el partido con los locales, incidente futbolístico internacional conocido como "El Dedo de Jara", y cada tanto se lo hacen saber.

La última novedad de los charrúas en este sentido es la publicidad de un vino en caja, que siguiendo el concepto de “Traigan vino que copas sobran” de Independiente de Avellaneda, sostiene que los uruguayos pueden reunir hasta 19 hinchas en una mesa porque este es el número de copas internacional obtenidas por la celeste en su historia.

Como era de esperar y luego de una escala descendente el último lugar lo ocupa un solitario hincha chileno que con el fondo de canto de grillos mira a cámara y dice con gesto desolado “estoy solo webon”.

Los chilenos, quienes no asimilan el casi desértico panorama de sus vitrinas, se enojaron y replicaron señalándoles sutilmente a los uruguayos que el vino con el que llenan sus copas es poco menos que un vinagre, y ahí parece que quedó la cosa por el momento.

Las reflexiones sobre está escalada son variadas, pero a muchos sorprende que aquella penetración táctil de Jara en la retaguardia de Cavani, le dieran a este enfrentamiento sudamericano un cariz que antes no tenía. “Podría decirse que es casi un clásico a dedo”, opinó un analista.