Manual de crisis de la AFA: quejas y reclamos
Las cada vez más habituales lamentaciones de alcance nacional del entrenador Ramón Díaz, por los errores arbitrales que vienen perjudicando a River en sus últimas presentaciones, sumadas a las de entrenadores y futbolistas de decenas de equipos a lo largo de este torneo y de campeonatos recientes, llevaron a algunos dirigentes a considerar la posibilidad de decretar una de las más extremas medidas contempladas en el manual de crisis de la AFA: el temido "estado de sitio arbitral" en la Primera División del fútbol argentino (algo que hasta el momento jamás fue aplicado)."Debemos tomar medidas drásticas antes de que a Ramón (Díaz) le toque un arbitraje como el que soportó Belgrano contra Boca. Si ello le llega a pasar, vamos a tener que cavar trincheras alrededor de la AFA", afirmó un directivo bastante preocupado.
Según consigna el reglamento afista en su artículo 456 (Inc. 67, Capítulo CXXXIII, “Fallas y/o Mocos Generalizados en Árbitros y Asistentes”), en caso de que los colegiados ingresen en una “situación notoria, aguda y permanente de equivocaciones a lo largo de uno o más torneos”, la entidad madre considerará la necesidad aplicarles el “estado de sitio, por el tiempo que se considere pertinente y hasta tanto desaparezca el halo de sospecha generado por semejante catarata de errores”.
Bajo el imperio de esta figura quedan en suspenso todos los derechos y garantías de los árbitros y jueces de línea de primera división, quienes serán confinados en el predio de Ezeiza de la AFA (o en su defecto en la isla Martín García), mientras dure el estado de excepción, es decir hasta que se considere que se encuentran en condiciones de volver a dirigir un partido sin riesgo de que Ramón Díaz u otros técnicos se quejen amargamente de sus desempeños.
Para llegar a la rehabilitación deberán superar una serie de tests: diferenciar una zambullida olímpica de un penal y una mano intencional de un movimiento instintivo, aprobar la prueba de intensidad del silbatazo (medido en decibeles), elevación sin dejar sospechas del banderín (para los jueces de línea), destreza en movimientos lateralizados para seguir jugadas, etc.
“Estamos viviendo la paradoja de que los árbitros dirigen pero los que soplan pitos son los técnicos y no pocos jugadores”, afirmó un dirigente afista alarmado por la situación.
Mientras se debate internamente si se adopta semejante decisión (lo que implicaría que los partidos pasarían a ser dirigidos por efectivos de Gendarmería), la AFA ya tiene decidido adoptar una medida revolucionaria: la habilitación de Oficinas de Quejas en cada estadio de primera división.
El objetivo de esta iniciativa es “canalizar, sistematizar y dejar constancia para las generaciones venideras, del cada vez más voluminoso caudal de quejas” que sobreviene luego de cada encuentro futbolístico.
Cada una las oficinas abrirá sus puertas 10 minutos antes de cada partido y receptarán las protestas contra los árbitros hasta 15 minutos después de finalizado, las cuales deberán reunir los siguientes requisitos para ser incluidas en el Libro de Quejas respectivo:
–Deberán ser redactadas en castellano pero con copia en inglés ya que es el idioma oficial de la Fifa para actas, correspondencia y comunicados.
–Para no ser rechazadas por el encargado de la oficina deberán estar escritas de puño y letra por el interesado, sin errores de ortografía ni de sintaxis en ambos idiomas. En caso de que el solicitante no hable (y mucho menos escriba) el inglés, la oficina le proveerá de un diccionario inglés-español, y en caso de persistir el problema idiomático le dará la opción de elegir entre otras tres lenguas alternativas: croata, griego o hebreo antiguo.
–Las quejas deberán estar referidas a los rubros fueras de juego, penales, goles anulados y expulsiones. No se podrán protestar tiros de esquina, saques laterales, foules tácticos o desaparición súbita de alcanzapelotas.
Si bien no está muy en claro cuál es el sentido práctico de estos textos, una versión difícil de confirmar asegura que como la biblioteca de la AFA está bastante desprovista de volúmenes, los estantes podrían llenarse rápidamente con libros de quejas primorosamente encuadernados. La queja como género literario se abre camino en el fútbol nacional.

