La danza de la victoria
Mirá la desopilante columna de Luis Heredia y su "Pelotazo al Vacío".
A diferencia de los bailes que mantienen su vigencia a pesar del paso del tiempo, como el pericón nacional, la tarantela o la mazurca (por citar algunos), la historia reciente de la música popular registra una serie de danzas de autores e intérpretes varios y de vida efímera.
Tan sólo una recorrida a vuelo de pájaro por el género permite recordar el Baile del Perrito (Wilfrido Vargas), del Pimpollo (Los Fatales), del Chizito (El Bananero), del Koala (Rocío Marengo), del Caballo (de Park Jae Sang, esforzado cantautor surcoreano) y el Baile del Pterodáctilo (Pepito Jurásico y Los Paleontólogos).
Pero el más reciente aporte en este rubro, si bien limitado estrictamente a lo coreográfico, lo constituye el bautizado como Baile del Jacuzzi, interpretado sobre la base de ritmos centroamericanos por los jugadores de la selección ecuatoriana de fútbol en un vestuario antes del partido del fin de semana pasado contra Bolivia.
“No tendrá el vigor ni el tono intimidatorio del Haka de los All Blacks, pero es bastante simpático. Además, hay que tener en cuenta que no es público sino que se desarrolla en el interior de un vestuario”, señaló el coreógrafo Carlos Cabriola, especialista en danzas deportivas.
De hecho, el Baile de Jacuzzi da lugar a la creatividad porque uno a uno los jugadores de la selección ecuatoriana van abandonando mojados una bañera para contornearse al ritmo de una cumbia. Por el contrario, en el Haka hay poco lugar para la improvisación: 15 jugadores de rugby realizan una monolítica coreografía de fuerza, golpeando el piso con sus pies para simular la trituración de cabezas, mientras abren exageradamente sus ojos, pronuncian palabras inentendibles y emiten sonidos guturales.
"Decididamente, el Baile del Jacuzzi se emparenta más con el aquadance de ShowMatch que con la danza maorí de los neozelandeses", señala Cabriola.
Pero más allá de sus méritos artísticos, los contoneos de los ecuatorianos no tiene solamente un sentido lúdico sino fundamentalmente un lado resultadista, ya que, en opinión de los asesores del cuerpo técnico, constituirían una cábala infalible, que fue estrenada con un éxito absoluto en la victoria sobre los bolivianos.
En este punto las opiniones están divididas, ya que desde la Sociedad Sudamericana de Sortilegios aseguran que contra la selección boliviana es muy difícil que una cábala no funcione, ya que es uno de los peores equipos de las eliminatorias.
“Semejante despliegue rítmico-acuático del plantel ecuatoriano sólo para ganarle 1-0 a Bolivia en Quito no habla precisamente de un poderío demoledor de la cábala”, aseguró Harry “Potter” Gramajos Pinilla, presidente de la organización con sede en Guayaquil.
El especialista sostiene que para hacer las cosas “en serio”, al jacuzzi deberían arrojarse algunos elementos propios de magia ecuatoriana, como sapos, iguanas, sangre de murciélago (un par de litros como mínimo), orina de un hombre lobo (o, en su defecto, de un pie grande) y al menos una cabeza reducida por alguna tribu amazónica, hasta convertir a la sofisticada bañera en una especie de burbujeante caldero mágico.
También, se debe prever la presencia de personal que introduzca por la fuerza a aquellos jugadores que seguramente se negarán a sumergirse en el caldo hechizado, del cual además hay que beber al menos un sorbo.
Sin embargo, en Ecuador buena parte de la opinión pública está convencida de que esta cábala, así como está, no sólo les va a permitir clasificarse para el Mundial de Brasil, sino que los va a llevar hasta las instancias decisivas del torneo.
Ni lerdos ni perezosos, los uruguayos tomaron nota de este dato y de lo ocurrido contra Bolivia y rellenaron el jacuzzi del Estadio Centenario con arena y piedras, además de plantarle varios cactus. Grande fue la sorpresa de los jugadores ecuatorianos cuando fueron a zambullirse para ejecutar su baile y se encontraron con un lactario.
“Varios integrantes del plantel intentaron poner en funcionamiento la cábala llenando de agua un fuentón, pero no funcionó con tanta eficiencia y los resultados quedaron a la vista”, dijo un integrante de la delegación al referirse al empate con los charrúas.
Digan lo que digan, la magia del fútbol es más poderosa que la del mismísimo Merlín.

