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Hostigando a Juan Román Riquelme

No te pierdas la cómica columna de Luis Heredia y su "pelotazo al vacío".

10 de enero de 2013 a las 10:16 a. m.
Hostigando a Juan Román Riquelme

Suele ocurrir a menudo que el mundo del fútbol se torna empecinado. Puede ser un dirigente, un técnico, una combinación de ambos, pueden sumarse los hinchas, pero el comportamiento es el mismo: se les pone algo en la cabeza y tiene que hacerse, aun cuando implique intentar torcer la voluntad de terceros. Por ejemplo presionar a un tosco lateral por derecha para que se ubique de enganche y genere juego, a pesar de que su principal virtud (tal vez la única) es una tendencia natural a mandar pelotas a la tribuna.

En las últimas semanas, quien debió padecer uno de los mayores brotes de empecinamiento futbolístico colectivo de las que se tenga memoria en el país fue Román Riquelme, ya que a la dirigencia de Boca se le ocurrió que debía retornar al plantel pese al marcado desinterés del ídolo por volver a trajinar una cancha (al menos en el país).

Y cómo será la obstinación del ambiente del fútbol local con el tema, que una vez confirmada la negativa del estratega a Boca, el intendente de Tigre, Sergio Massa, aseguró que lo tantearía para que descuelgue los botines y se sume al Matador.

“Los botines de Román están bien colgados, fue tan firme su decisión de no volver a jugar al fútbol (al menos en el país), que los hizo atar a la rama más alta de un eucalipto de 53 metros que está frente a su casa en Don Torcuato”, dijo un viejo amigo del símbolo. Y no sólo es la altura la que dificulta el descolgado. Según aseguran los que conocen la historia secreta de los botines del crack (hoy a merced de las lluvias y las ráfagas del Pampero), estos están firmemente atados con un nudo gordiano, imposible de desatar.

Sus detractores, en cambio, aseguran que en caso de llegar alguna suculenta propuesta del exterior, el emblema xeneize tendría un mono (aseguran que es un carayá dorado) entrenado para subir al eucalipto, desatar los botines y bajarlos en 56,2 segundos.

De todos modos, el principal obstáculo que impidió a Riquelme volver a calzarse la casaca azul y oro, fue que dio su palabra de que no volvería a Boca. “Si Román te dice esta tarde voy al cine, va a ir al cine aun si después se da cuenta de que es feriado nacional y los cines están cerrados. ¿Por qué lo hace? Porque es hombre de palabra”, graficó un allegado.

Esta característica de su personalidad le trae a la efigie de La Ribera no pocos problemas. “Una vez en un juego de billar con sus amigos, vio que uno tenía una bola muy difícil y le dijo: si la metés paso la noche sobre el tanque de mi casa, y todos se rieron. El pibe metió la bola y Román se quedó toda la noche en el tanque de su casa (entonces vivía en un edificio de 30 pisos), bajo una sudestada que incluyó granizo y ráfagas de hasta 90 kilómetros por hora. ¿Y todo por qué? Porque es un tipo de palabra”, finalizó el allegado.

“Riquelme no puede cambiar la decisión que tomó Riquelme”, dijo Riquelme al salir de Casa Amarilla, después de dar el “no”. Si lo quieren más claro apliquen precipitador de pileta.

Además, por boca del propio Riquelme se sabe que en los últimos seis meses lleva una vida tranquila y está a gusto con ella, lejos de canchas llenas de jugadores que corren tan enfervorizadamente que no juegan ni dejan jugar, que no piensan y tampoco dejan hacerlo. “Román encontró en el sobrio y lejano arte criollo del cebado de mate, un refugio después del fútbol. Hace seis meses que ceba mates ocho horas por día y a tal punto llegó su perfeccionamiento que ya está entre los 10 mejores cebadores del Mercosur”, aseguraron desde su entorno.

Una vez más quedó en evidencia que el talento del crack también tiene su expresión fuera de los campos de juego.

Ronaldo, sin Balón

Lionel Messi recibió su cuarto Balón de Oro consecutivo y más de allá de las miradas que estuvieron puestas en su figura y en su esmoquin a lunares (que fue elegido por su hijo Thiago), durante la ceremonia de entrega hubo muchos ojos que se posaron en el rostro de Cristiano Ronaldo, quien había manifestado que soñaba con recibir el codiciado premio.

Quienes esperaban del portugués una cara de desilusión (o lo que en algunos lugares de Europa se conoce como “face d’ort”), no se vieron decepcionados porque en cuanto se escuchó el nombre de Messi como ganador, el portugués de Real Madrid pareció que tenía atorado el Balón de Oro en la traquea o en otro sector de su cuerpo.

¿Pero por qué tanta desilusión? Es que según una versión, días antes de la entrega el delantero merengue consumido por la ansiedad, había consultado a un oráculo que le habían recomendado: el licenciado Erminio (vidente natural, experto en predicciones, amarres fuertes, ligaduras eternas, armonización y ayuda laboral), y el augur, tras consultar los menudos de un pollo que acababa de comprar para la cena, lo vio ganar el Balón, y gracias a este vaticinio Ronaldo acudió confiado a la ceremonia. Por estos días el licenciado Erminio ha desaparecido de los lugares que solía frecuentar, y Ronaldo no deja de indagar por su paradero.