Goles, festejos y usurpaciones
“Convertir un gol es una experiencia orgásmica”. La frase fue inmortalizada por el máximo cañonero histórico del FC Maracuyá, Rosauro Da Lima Soares (“Popó”), en una memorable entrevista concedida en los años ’80 a la publicación de divulgación científica Astronomía, Gastronomía y Jardinería.
Popó sabía muy bien de lo que hablaba, no sólo porque convirtió 42 goles para Maracuyá, sino porque una vez retirado ingresó a la industria del porno brasileño con el nombre de Elisandra (los agradecidos hinchas maracuyanos hicieron una colecta para financiarle la operación de cambio de sexo).Tal vez sea esta sensación excitante, sensual y casi lujuriosa la que lleva a muchos jugadores a festejar sus goles de una manera frenética y desenfrenada, muchas veces rozando peligrosamente el exceso, y en otras incurriendo decididamente en él.
Los memoriosos recuerdan el caso del artillero trasandino Patricio Sepúlveda Valdivia, quien en la alocada celebración de un gol para Huachipato corrió hasta un temible ovejero de Carabineros estacionado en uno de los córners que lo había ladrado todo el partido y frente a los ojos espantados de los hinchas, se puso cara a cara con el animal y le hizo el “topito”.
El sorprendido can reaccionó enardecido frente a la provocación y cerró sus mandíbulas con furia sobre su nariz y empezó a zamarrear. Ni siquiera soltó cuando los bomberos le aplicaron chorros de agua que lo estamparon contra el alambrado, a unos cuatro metros y medio del piso, con el goleador colgando de su boca por la nariz. A esa altura (cuatro metros y medio del suelo) el jugador ya había dejado de hacer el “topito” y pedía por su vida en un inaudible tono gangoso.
Cuando finalmente el can depuso su actitud (gracias a la intervención de un negociador), los médicos y el capellán del club examinaron a Sepúlveda Valdivia y comprobaron que su nariz no sólo había perdido su forma original por la mordida, sino que se había estirado unos 25 centímetros (de ahí que fuera conocido como el "Pinocho" Sepúlveda).Mejicaneadas. Pero otros jugadores llevados por la necesidad de hacer goles no vacilan en "mejicanearles" las conquistas a sus otros jugadores de su equipo. El ejemplo más claro es el de empujar la pelota sobre la línea, cuando esta va entrando impulsada por un compañero (va a ingresar de todos modos), y festejar a la carrera haciendo el "avioncito", sacándose a empellones a todos los que se quieren sumar a la celebración, y finalmente caer arrodillado frente a una cámara en posición de ofrenda a los dioses, para aprovechar al máximo los primeros planos televisivos.
“Algunos futbolistas no se bancan esto y han intentado hacer justicia por mano propia contra los que ‘mejicanean’. En los vestuarios se han dado casos de intentos de estrangulamiento manual y lanzamientos de objetos contundentes, que han sido cuidadosamente ocultados para evitar escándalos mayores”, afirma un jugador que pidió reserva de identidad y que asegura haber sufrido la rapiña de goles en al menos dos ocasiones.
"Es una situación muy fea. Para muchos jugadores, un gol es como un hijo que se está buscando desde hace mucho tiempo, y cuando lo tenés viene otro y te lo quita. Los futbolistas que incurren en este tipo de acciones deberían ser procesados por apropiación ilegítima y supresión de identidad. Porque a los goles se los anotan ellos como propios", se quejó.Tu gol es mi gol. Pero incluso hay especímenes peores de apropiadores de goles, y son aquellos jugadores que salen festejando como poseídos, goles convertidos en contra de su propia valla por un adversario, en circunstancias más o menos confusas. Un caso emblemático es el del defensor brasileño David Luiz, que en el último Mundial, y en el partido Brasil-Chile celebró como propio y de una manera desaforada, el golazo en contra que marcara Gonzalo Jara.
Más cerca en el tiempo, el delantero Asenjo, de Banfield, festejó con la pelota bajo el brazo incluida, un gol en contra del volante Bellocq, de Independiente, este último fin de semana. Si bien Asenjo había rematado (es una forma de decir), contra el arco de Rodríguez, su disparo fue tan defectuoso (le entró a la pelota de puntín con la tibia) que se iba irremediablemente al lateral, hasta que apareció Bellocq para hacerse presente en el marcador.Después Asenjo admitió que no era el autor, pero en las planillas el gol le pertenece y se presume que el jugador Rojo no realizará ninguna protesta formal para que lo reconozca como propio. El fervor por el gol no reconoce límites ni códigos.
La geometría y el fútbol
Tres jugadores argentinos, Ignacio Piatti, Fernando Ortiz y Denis Stracqualursi, fueron denunciados por la Afip por supuestas triangulaciones en las operaciones de sus pases (la denuncia habla de triángulos isósceles y escaleno, ambos prohibidos por la ley Penal Tributaria) con la finalidad de evadir el pago de impuestos por las transacciones.Sin embargo, allegados a las defensas de los futbolistas afirman que no hubo dolo en la operatoria de los pases, sino una confusión de la Afip: no existió tal triangulación sino que los jugadores fueron vendidos a clubes con sede en el Triángulo de las Bermudas. "Seguramente, el término 'triángulo' llevó al error", afirma la fuente.
Si estas instituciones (Atlético Alienígenas, FC Abducciones y Club Social Cuarta Dimensión), hoy no existen no es por una maniobra ilícita sino simplemente porque en la zona, “como es de público conocimiento”, desaparecen barcos, aviones, ballenas, dinero, y por supuesto también clubes de fútbol.
La sede de Atlético Alienígenas, por ejemplo, estaba ubicada en un faro situado sobre una promontorio coralino justo en medio del triángulo, hasta que llegaron los ovnis (más exactamente una madre nodriza) y se la llevaron a otro planeta, con trofeos y dirigentes incluidos, aseguró el vocero.
