Entradas para Brasil 2014: Siamo fuori del Mundial
Está confirmado que, para los hinchas argentinos, conseguir entradas para los partidos del Mundial de Brasil va a ser más difícil que exportar gatos de la suerte a China.
Esto es así porque los brasileños están decididamente interesados en llenar sus estadios con apasionados contingentes de canadienses, norteamericanos o suizos, antes que facilitar butacas para sus bulliciosos y revoltosos vecinos latinoamericanos, especialmente del sur.
Si se tienen en cuenta los impresentables enfrentamientos tribuneros entre barras bravas argentinas y policías locales durante los últimos años, la reticencia brasileña a mandar entradas para este lado es bastante comprensible. Por ejemplo, la Policía Militar de Brasil todavía está reclamando a Cancillería la devolución del casco y la tonfa de uno de sus efectivos, robados en una batahola con barras de River en 2009 en el Morumbí (versiones no confirmadas indican que, en realidad, se estaría reclamando la devolución del efectivo que, desde entonces, estaría en manos de los Borrachos del Tablón en calidad de rehén).
“Puede que ahora las negociaciones prosperen, si los brasileños aceptan canjearlo por entradas”, aseguró un personaje cercano a los barras millonarios. Por el lado de la Fifa, en cambio, todo se reduciría a una cuestión de azar: la casa madre del fútbol puso en venta vía Web 228.959,5 entradas para 57 partidos, pero, por culpa de la mala suerte, los argentinos no pudieron conseguir ninguna. Su presidente Joseph Blatter fue claro en ese sentido: “Es una lotería electrónica, y la suerte también juega”.
En general, los que tuvieron suerte fueron los hinchas europeos y, llamativamente, los ecuatorianos, quienes, según algunas especulaciones, habrían solicitado ayuda a sus ancestrales y poderosas deidades andinas, incluso, con el sacrificio de vicuñas para poder quedarse con algunas entradas.
El ejemplo ecuatoriano ya habría sido tomado por los hinchas argentinos, quienes estarían gestionando la intervención de San Expedito, el “patrono de las causas justas y de urgente solución”, para lograr los deseados tickets.
En este sentido, la Cámara Argentina de Santerías y Elementos de Conjuro informó que está agotado el stock de imágenes y estampitas del santo, y que la demanda sigue alta, por lo que alertó sobre la venta de reproducciones falsas en el mercado negro que habría surgido.
“Sabemos que retocan imágenes de San Cayetano o de San Jerónimo y las venden como si fueran de San Expedito. Lógicamente, no otorgan lo solicitado. El peticionante posiblemente consiga trabajo o protección contra los rayos, pero no entradas para el Mundial”, advirtió José Sahumerio, titular de la Cámara.
Pese a las advertencias, miles de hinchas no disimulan su confianza en el poder del santo. “Cuando Blatter se quiera dar cuenta, va a ser demasiado tarde, ya que vamos a tener 200 mil entradas para revender”, se entusiasmó un aspirante a conseguir boletos para ofrecerlos al mejor postor, según otra legendaria práctica nacional.
Pero si hasta San Expedito falla, queda una última posibilidad: comprarles los tickets a los barrabravas que siempre tienen dirigentes amigos, en este caso en la Fifa, que les pasan talonarios completos a cambio de participación en las ganancias.
De todos modos, los cientos de miles de argentinos que se van a quedar fuera de los estadios brasileños deberán apelar a tradicionales métodos nacionales para entrar sin pagar, si no quieren ver el mundial por televisión. Por ejemplo:
"Entrar de pecho". Es la opción más frontal y depende en gran medida en la correlación de fuerzas: si los aspirantes a ingresar superan en una proporción de 80 a 2 a los controles de la boca de ingreso, a una señal previamente establecida por los cabecillas de la barra, les tiran los bombos encima y todos saltan los molinetes como una manada de gráciles y veloces impalas.
Entradas truchas. Se pasa sin problemas porque son más perfectas que las verdaderas. El único riesgo es terminar viendo un partido en la falda de un canadiense.
Mimetismo. Hacerse pasar por hinchas suizos o australianos (los simpatizantes preferidos por los brasileños), envolviéndose en las banderas correspondientes y conmover a los controles diciendo que unos argentinos les robaron la entrada. El problema va a ser meterse los bombos (plegados obviamente) en algún lugar insospechado del cuerpo para poder entrarlos.Así está la cosa con el Mundial de Brasil, tan cerca como complicado.

