El estadio tan temido
¿Qué pasa en la altura de La Paz? ¿Sólo en Argentina "te caminan"?
Antiguas y lejanas civilizaciones, tal vez alienígenas ancestrales, desplegaron su arquitectura y su tecnología para erigir en la altura boliviana inusuales complejos megalíticos que por su magnitud y complejidad todavía desconciertan al mundo científico, como las sorprendentes y energizadas estructuras de Puma Punku, la pirámide de Akapana o la plataforma Kalasasaya.
¿Acaso esas atávicas técnicas constructivas fueron utilizadas en la edificación del estadio paceño Hernando Siles, con la finalidad de convertirlo en un escenario indescifrable para los equipos visitantes?
¿Es el comportamiento anárquico de la pelota en su campo de juego, que tanto atormenta a los seleccionados argentinos, el resultado de un diseño que crea campos antigravitacionales en distintos puntos de la cancha?
El reciente paso de la selección argentina por el mítico coliseo boliviano en el marco de las Eliminatorias Sudamericanas, reavivó el complejo existencial que el fútbol nacional tiene con el Siles.
A tal punto llegó la cosa esta vez, que el propio técnico de selección argentina, Alejandro Sabella, confirmó que en los partidos que se juegan en el Siles, la pelota tiene comportamientos antojadizos y completamente imprevisibles, que sin embargo son absolutamente normales para los acostumbrados asistentes al escenario.
Uno de los prodigios más comentados es el de la “pelota flotante”. Ocurre generalmente en los saques de arco cuando el balón luego de tomar altura se mantiene suspendido durante minutos para luego caer de repentinamente con la violencia y pesadez de un asteroide.
“A veces estalla al impactar con tanta virulencia contra el planeta, por lo que los jugadores esperan su caída protegidos bajo los escudos policiales”, relatan algunos testigos.
Existe una polémica reglamentaria de larga de data entre los que sostienen que se debe adicionar el tiempo que la pelota permanece suspendida sin caer (en algunos casos más de 15 minutos) y los que consideran que no corresponde porque se encuentra en movimiento. Otro caso que llama la atención es el de “la volvedora”.
Se designa así a la pelota que regresa vertiginosamente como un boomerang hacia el pateador de un córner, luego de dar una amplia curva sobre el área grande.
El jugador debe ponerse a cubierto ante el bólido que vuelve porque puede terminar recibiendo un pelotazo formidable si no está atento.
Este tipo de rarezas fueron comprobadas in situ por un equipo multidisciplinario de la AFA (compuesto por un ingeniero de la Nasa, un meteorólogo, un creyente del Gauchito Gil y un barra brava de Laferrere) luego de dos meses de arduo trabajo.
Sin embargo, el grupo especializado no pudo determinar si estos extraños acontecimientos se deben a la falta de resistencia del aire de la capital boliviana, a la aplicación de principios arquitectónicos extraplanetarios en su construcción o si son producidos por los espíritus de los muertos enterrados en el cementerio sobre el cual se edificó Siles.
Esta última y aterradora novedad de un estadio infestado de fantasmas se conoció recientemente a nivel mundial logró poner nerviosos a varios integrantes del plantel argentino en su reciente incursión por el altiplano, y explicaría una de las jugadas clave del partido.
Concretamente, la forma en que Lionel Messi desperdició un mano a mano frente al arquero Galarza, habría obedecido a que por lo menos un alma de las que deambulan por el Estadio se le colgó de la camiseta al astro del Barcelona, en un claro foul que el árbitro no cobró.
“Se vio que la camiseta se estiraba con fuerza hacia atrás y pero no había ningún jugador boliviano cerca. En consecuencia el árbitro Osses no pudo cobrar nada”, aseguró un dirigente de la Conmebol en defensa del colegiado.
Contra lo que se piensa, el estadio Siles no es para nada el estadio más elevado del mundo. En Perú y la misma Bolivia los hay más altos pero ninguno como el Annapurna Arena, enclavado a 6.700 metros de altura en la ladera del monte Annapurna de 8.091 metros en el Himalaya.
Además de la altura, este estadio tiene la particularidad de ser el único con el campo de juego inclinado en 45 grados, lo que hace virtualmente imposible jugar al fútbol, al punto de que todavía no tuvo partido inaugural.
Ahí si que la pelota no dobla, ni gira, ni nada.
En Europa también te caminan
Al Málaga lo “caminaron” en Alemania: lo eliminaron de la Liga de Campeones con un gol en offside de Borussia en tiempo de descuento, acción muy temida en el fútbol y considerada una de las cinco situaciones más difíciles de digerir para cualquier jugador (tirar afuera un penal decisivo, hacer un gol en contra, chocar el convertible y caerse por las escaleras del túnel al abandonar una la cancha, constituyen los restantes cuatro accidentes futbolísticos del top five).
Respecto al fatídico final contra los alemanes, el capitán del equipo español, Martín Demichelis, dijo que le resulta “inexplicable que cinco árbitros no vieran” que el último gol violaba el reglamento.
Esta última afirmación del jugador argentino puso otra vez en evidencia que el ser humano puede fallar tanto solo como grupalmente, ya que en este caso fueron cinco los que no vieron a docenas de alemanes en fuera de juego en el tiro libre de Lewandowsky.
Asimismo, destruye el mito de que cuatro ojos miran más que dos, ya que en el Iduma Park de Dortmund sumando los ojos del árbitro, los de los jueces de línea y los de los que vigilaban los arcos, eran 10 en total los órganos visuales asignados a la tarea de control y ni uno solo advirtió nada extraño en esa jugada. Ya es tiempo de los árbitros robot.

